La ausencia - relato

Manolo Martínez

Poeta fiel al portal


La casa resultaba pequeña para contener tanto amor. Nuestros hijos crecían felices y nosotros, junto a ellos, queríamos envejecer en paz y armonía. Tú eras el centro del hogar, ordenabas y dirigías todo. Hasta llegué a preguntarme alguna vez: ¿cómo podías realizar los quehaceres domésticos, educar hijos, y además de ello, salir a trabajar?

Yo era un hombre común, con mi egoísmo a cuestas, tratando de cooperar con la compleja tarea que desarrollabas en nuestro mundo de puertas adentro. Mis días los pasaba de la casa al trabajo y viceversa.

También nosotros éramos felices, a nuestra manera, sintiendo un amor que casi nunca expresábamos, salvo algunas esporádicas caricias y besos que nos regalábamos en nuestros momentos de intimidad o en algún aniversario. Todos éramos felices porque había familia y amor.

Pero como todo cambia en la vida, nuestra vida cambió. Nuestros hijos crecieron y tú y yo nos separamos. Nos separaron…

Te convertiste en la gran “ausencia” de un hogar que ya no volvió a brillar. Todo quedó intacto, pero con un vacío interminable.

Hoy, nuestros hijos ya forman parejas y se encaminan en la vida. Te recuerdan y te extrañan tanto como yo.

Y me convertí en el hombre que soy: partido en dos, con los recuerdos que acompañan y duelen; ni joven ni viejo, que solo busca terminar sus días yendo de su casa al trabajo y viceversa, esperando nietos tal vez… y que algún día tú vengas a buscarme. Mientras tanto, me acompaña la poesía…

Hoy te llevo flores, flores que en vida no te di. Le arranco las espinas de sus tallos y eternamente las guardo para mí.
 
Última edición:
Conmovedoras, sencillas y auténticas letras que captan y transmiten los avatares de la vida, con sus sonrisas y, sobre todo, con sus inevitables lágrimas . La pérdida, como la muerte es insoslayable.

Buena prosa.
Un saludo
 
:(,
Muy sensible para estas horas, en que aún está en silencio todo aquí, un abrazo. Emotivas cada línea un abrazo.
 
La casa resultaba pequeña para contener tanto amor. Nuestros hijos crecían felices, y nosotros junto a ellos, queríamos envejecer en paz y armonía. Tú eras el centro del hogar, ordenabas y dirigías todo. Hasta llegué a preguntarme alguna vez ¿cómo podías realizar los quehaceres domésticos, educar hijos, y además de ello, salir a trabajar?
Yo era un hombre común, con mi egoísmo a cuestas, tratando de cooperar con la compleja tarea que desarrollabas en nuestro mundo de puertas adentro. Mis días los pasaba de la casa al trabajo y viceversa.
También nosotros éramos felices, a nuestra manera, sintiendo un amor que casi nunca expresábamos, salvo algunas esporádicas caricias y besos, que nos regalábamos en nuestros momentos de intimidad o en algún aniversario. Todos éramos felices porque había familia y amor.
Pero como todo cambia en la vida, nuestra vida cambió. Nuestros hijos crecieron, y tú y yo nos separamos. Nos separaron. Te convertiste en la gran “ausencia” de un hogar que ya no volvió a brillar. Todo quedó intacto pero con un vacío interminable.
Hoy nuestros hijos ya forman parejas y se encaminan en la vida. Te recuerdan y te extrañan tanto como yo.

Yo me convertí en el hombre que soy, partido en dos, con los recuerdos que acompañan y duelen, ni joven ni viejo, que sólo busca terminar sus días, yendo de su casa al trabajo y viceversa, esperando nietos tal vez algún día y que tú vuelvas a buscarme. Y mientras tanto, me acompaña la poesía…
Hoy te llevo flores, flores que en vida no te di. Le arranco las espinas de sus tallos y eternamente, las guardo para mí.
La vida siempre sigue adelante, continúa en todos los que amamos. Las flores del recuerdo no se marchitan jamás. Buen relato.

Felices recuerdos.
 
La casa resultaba pequeña para contener tanto amor. Nuestros hijos crecían felices, y nosotros junto a ellos, queríamos envejecer en paz y armonía. Tú eras el centro del hogar, ordenabas y dirigías todo. Hasta llegué a preguntarme alguna vez ¿cómo podías realizar los quehaceres domésticos, educar hijos, y además de ello, salir a trabajar?
Yo era un hombre común, con mi egoísmo a cuestas, tratando de cooperar con la compleja tarea que desarrollabas en nuestro mundo de puertas adentro. Mis días los pasaba de la casa al trabajo y viceversa.
También nosotros éramos felices, a nuestra manera, sintiendo un amor que casi nunca expresábamos, salvo algunas esporádicas caricias y besos, que nos regalábamos en nuestros momentos de intimidad o en algún aniversario. Todos éramos felices porque había familia y amor.
Pero como todo cambia en la vida, nuestra vida cambió. Nuestros hijos crecieron, y tú y yo nos separamos. Nos separaron. Te convertiste en la gran “ausencia” de un hogar que ya no volvió a brillar. Todo quedó intacto pero con un vacío interminable.
Hoy nuestros hijos ya forman parejas y se encaminan en la vida. Te recuerdan y te extrañan tanto como yo.

Yo me convertí en el hombre que soy, partido en dos, con los recuerdos que acompañan y duelen, ni joven ni viejo, que sólo busca terminar sus días, yendo de su casa al trabajo y viceversa, esperando nietos tal vez algún día y que tú vuelvas a buscarme. Y mientras tanto, me acompaña la poesía…
Hoy te llevo flores, flores que en vida no te di. Le arranco las espinas de sus tallos y eternamente, las guardo para mí.
Ay amigo... me haces un nudo en la garganta con ese final, si es personal el relato, no sabes cuanto lo siento.

Todos éramos felices porque había familia y amor.

La familia lo es todo, es una de las más grandes satisfacciones, un circulo de amor infinito.

Un abrazo desde México.
 
Ay amigo... me haces un nudo en la garganta con ese final, si es personal el relato, no sabes cuanto lo siento.



La familia lo es todo, es una de las más grandes satisfacciones, un circulo de amor infinito.

Un abrazo desde México.

Hola amiga, agradezco profundamente tus hermosas palabras...
sabes, a la vida no se la comprende, sólo se la tiene que vivir... este relato ya tiene varios años de antigüedad...
y la vida debe continuar...

Te envío un gran abrazo. :)
 
libro-y-rosa-jpg.31607



Prosa del MES


(Seleccionada por la administración entre las propuestas remitidas por moderadores y/o usuarios)


Muchas FELICIDADES
MUNDOPOESIA.COM
 
La casa resultaba pequeña para contener tanto amor. Nuestros hijos crecían felices, y nosotros junto a ellos, queríamos envejecer en paz y armonía. Tú eras el centro del hogar, ordenabas y dirigías todo. Hasta llegué a preguntarme alguna vez ¿cómo podías realizar los quehaceres domésticos, educar hijos, y además de ello, salir a trabajar?
Yo era un hombre común, con mi egoísmo a cuestas, tratando de cooperar con la compleja tarea que desarrollabas en nuestro mundo de puertas adentro. Mis días los pasaba de la casa al trabajo y viceversa.
También nosotros éramos felices, a nuestra manera, sintiendo un amor que casi nunca expresábamos, salvo algunas esporádicas caricias y besos, que nos regalábamos en nuestros momentos de intimidad o en algún aniversario. Todos éramos felices porque había familia y amor.
Pero como todo cambia en la vida, nuestra vida cambió. Nuestros hijos crecieron, y tú y yo nos separamos. Nos separaron. Te convertiste en la gran “ausencia” de un hogar que ya no volvió a brillar. Todo quedó intacto pero con un vacío interminable.
Hoy nuestros hijos ya forman parejas y se encaminan en la vida. Te recuerdan y te extrañan tanto como yo.

Yo me convertí en el hombre que soy, partido en dos, con los recuerdos que acompañan y duelen, ni joven ni viejo, que sólo busca terminar sus días, yendo de su casa al trabajo y viceversa, esperando nietos tal vez algún día y que tú vuelvas a buscarme. Y mientras tanto, me acompaña la poesía…
Hoy te llevo flores, flores que en vida no te di. Le arranco las espinas de sus tallos y eternamente, las guardo para mí.
Lagrimas y sonrisas para describir esos espacios vitales. un recorrido sincero donde
la formalidad abunda como elemento consustancial de lo definido en la prosa.
excelente. saludosde luzyabsenta
 

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