En el silencio de la noche,un viejo anacoreta estaba rezando en la plenitud endiablada de las densas tinieblas que gobernaban su cubil granítico,hacia la imagen fehaciente de un ídolo profano de escayola.Pedía compañía.Pues sus años de soledad habían demacrado su rostro de antiguo joven esplendoroso.Salió de la caverna y oteó a la mayestática luna menguante,a la que cantó con todas las cuerdas sonoras de su ajado corazón.Entonces,comenzó el firmamento a nublarse con densas y compactas nubes de profunda tormenta en ciernes.Cayó granizo duro y sulfúreo,mientras una risa de lo alto heló la sangre de nuestro viejo solitario.Ahora intuía que sus noches estarían marcadas por siempre por la ausencia de un fiel y bien amado querido.