La badila

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Cuelga la badila inerte

a su clavo asida,

sin esperanza apenas

de que un fuego la abrase,

sin que unas manos la paseen lentamente

de la copa a la tarima

donde descansaba casi todo el invierno

sutil y plácidamente,

acurrucando piernas

bajo la indiscreta “camilla”.


Ahora reluce en la pared pegada

sin que casi nadie

sepa su nombre,

sin que la toquen,

sin que sepan para que sirvió

hace apenas cincuenta años.


A mi me da pena Ella

que solo tenga recuerdos en otros,

que su corazón,

de metal helado,

tenga un alma pequeña,

olvidadiza.


Que mantenga sus recuerdos

en las ascuas metida.


Que el alhucema la envolviera a puñados

como cuando se bañaba a los niños

y Ella, junto a la copa

lo presidía.
 
Cuelga la badila inerte

a su clavo asida,

sin esperanza apenas

de que un fuego la abrase,

sin que unas manos la paseen lentamente

de la copa a la tarima

donde descansaba casi todo el invierno

sutil y plácidamente,

acurrucando piernas

bajo la indiscreta “camilla”.


Ahora reluce en la pared pegada

sin que casi nadie

sepa su nombre,

sin que la toquen,

sin que sepan para que sirvió

hace apenas cincuenta años.


A mi me da pena Ella

que solo tenga recuerdos en otros,

que su corazón,

de metal helado,

tenga un alma pequeña,

olvidadiza.


Que mantenga sus recuerdos

en las ascuas metida.


Que el alhucema la envolviera a puñados

como cuando se bañaba a los niños

y Ella, junto a la copa

lo presidía.
¡¡Ohhh!!, María, es precioso. Me ha traído recuerdos de la niñez, cuando, de noche, tras la cena, en invierno, todos sentados en la ""mesa camilla"", con el brasero en el centro, y mi padre removiendo de vez en cuando las brasas con la badila, estábamos una media hora jugando a juegos de mesa o inventando chistes antes de irnos a dormir.
Has poetizado la nostalgia, la añoranza, preñada con una pincelada de melancolía, y me ha emocionado.
Por otro lado, en su registro de poesía libre, has imprimido excelentes ritmos combinando versos de distintas extensiones con gran acierto.
Me ha encantado, chica, me ha encantado. Mis aplausos.
Besos, preciosa, besos en alas de los vientos.
 
Cuelga la badila inerte

a su clavo asida,

sin esperanza apenas

de que un fuego la abrase,

sin que unas manos la paseen lentamente

de la copa a la tarima

donde descansaba casi todo el invierno

sutil y plácidamente,

acurrucando piernas

bajo la indiscreta “camilla”.


Ahora reluce en la pared pegada

sin que casi nadie

sepa su nombre,

sin que la toquen,

sin que sepan para que sirvió

hace apenas cincuenta años.


A mi me da pena Ella

que solo tenga recuerdos en otros,

que su corazón,

de metal helado,

tenga un alma pequeña,

olvidadiza.


Que mantenga sus recuerdos

en las ascuas metida.


Que el alhucema la envolviera a puñados

como cuando se bañaba a los niños

y Ella, junto a la copa

lo presidía.

Así la tengo colgada pintada y reluciente como nunca lo estuvo mientras daba su buen servicio, pero no queda olvidada pues una vez al año la utilizo para remover las brasas donde se hierve la conserva de tomate al baño María.

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