Grecia Fuentes
Poeta recién llegado
El tiempo es una bailarina,
que mantiene siempre su ritmo,
aún cuando arden sus dedos,
baila entre fisuras y abismos.
Una ilusión para los filósofos,
lo derrochable para los vividores,
el cuerpo de su obra para el músico,
“lo que no perdona” para los viejos.
Aveces da la corazonada,
de ir más rápido que lento,
de ir más lento que rápido,
de casi estar plenamente quieta.
No ha cesado hasta hoy día,
entre el ritmo de sus melodías,
que se crearon inexactas,
en oda a su baile infinito.
que mantiene siempre su ritmo,
aún cuando arden sus dedos,
baila entre fisuras y abismos.
Una ilusión para los filósofos,
lo derrochable para los vividores,
el cuerpo de su obra para el músico,
“lo que no perdona” para los viejos.
Aveces da la corazonada,
de ir más rápido que lento,
de ir más lento que rápido,
de casi estar plenamente quieta.
No ha cesado hasta hoy día,
entre el ritmo de sus melodías,
que se crearon inexactas,
en oda a su baile infinito.