Alberto Ruiz
Poeta recién llegado
Macabro dolor, halo de pesares
Que muda las voces de los que odian la vida.
Dulce condena encendida,
Serpiente paralítica
Que ahorca ecos.
Aro de pesadumbres neuróticas,
Para algunos eres el absurdo vacío
Que llena y realza el inútil brío,
De querer pasarse por el cuello
Una llameante soga.
Como un silencioso grito sin dientes,
Así son las voces que cantan en el corazón,
Del estúpido humano que pierde la razón,
Y lo que desea solo
Es estar dulcemente muerto.
¡Oh puerta oscura y vacía!
Al cerrarte tenemos los juicios perdidos,
Y ya no deseamos más que estar dormidos
En un amargo sueño,
Que lentamente se pudre.
Que muda las voces de los que odian la vida.
Dulce condena encendida,
Serpiente paralítica
Que ahorca ecos.
Aro de pesadumbres neuróticas,
Para algunos eres el absurdo vacío
Que llena y realza el inútil brío,
De querer pasarse por el cuello
Una llameante soga.
Como un silencioso grito sin dientes,
Así son las voces que cantan en el corazón,
Del estúpido humano que pierde la razón,
Y lo que desea solo
Es estar dulcemente muerto.
¡Oh puerta oscura y vacía!
Al cerrarte tenemos los juicios perdidos,
Y ya no deseamos más que estar dormidos
En un amargo sueño,
Que lentamente se pudre.