Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Terminaron ensayo con dos minutos de adelanto
y se sirvieron un whisky con hielo a su salud,
afinaron instrumentos para comenzar concierto
con dos parejas de baile como multitud.
Eran las fiestas monumentales del santo del pueblo,
el turno por tradición con malos y buenos,
el alcalde, el párroco, el policía y el suegro
del joven que se casaba apenas ayer.
Qué cosita tan dulce esta de cantar para usted
una lista de covers y de letras muertas
que se murieron sin luz ni placer.
El amor que acaba muerto por nada en cada canción,
sus fieles creyentes que guardan sueños prohibidos,
aquí y ahora se asesina Cupido
y se recita otra balada sin verso ni pasión.
Antes se llamaban Los Alegres del Pueblo
y llenaban salones con un merengue y un rock,
hoy siguen siendo los mismos,
treinta años más viejos, La Banda de los Tristes
que no quieren decir un adiós.
La cantante es ahora la hija del hijo del dueño
y mueve los muslos bailándose un reggaetón,
los ancianos que olvidaron sus dientes en casa
la desvisten con cada mirada y la sueñan en el colchón.
Dos parejas fieles al baile
y una dama con exceso de alcohol
sacuden el piso y animan la fiesta,
el otro año que vuelva esta orquesta
y que rinda veinte años más esta cruel situación.
y se sirvieron un whisky con hielo a su salud,
afinaron instrumentos para comenzar concierto
con dos parejas de baile como multitud.
Eran las fiestas monumentales del santo del pueblo,
el turno por tradición con malos y buenos,
el alcalde, el párroco, el policía y el suegro
del joven que se casaba apenas ayer.
Qué cosita tan dulce esta de cantar para usted
una lista de covers y de letras muertas
que se murieron sin luz ni placer.
El amor que acaba muerto por nada en cada canción,
sus fieles creyentes que guardan sueños prohibidos,
aquí y ahora se asesina Cupido
y se recita otra balada sin verso ni pasión.
Antes se llamaban Los Alegres del Pueblo
y llenaban salones con un merengue y un rock,
hoy siguen siendo los mismos,
treinta años más viejos, La Banda de los Tristes
que no quieren decir un adiós.
La cantante es ahora la hija del hijo del dueño
y mueve los muslos bailándose un reggaetón,
los ancianos que olvidaron sus dientes en casa
la desvisten con cada mirada y la sueñan en el colchón.
Dos parejas fieles al baile
y una dama con exceso de alcohol
sacuden el piso y animan la fiesta,
el otro año que vuelva esta orquesta
y que rinda veinte años más esta cruel situación.