Este poema lo escribí en la Semana Santa del 99, aprovecho que acaba de transcurrir una nueva S.S. para presentarlo. Los Soplas es el nombre de mi cuadrilla tamborilera, en el pueblo es costumbre tocar ininterrumpidamente los tambores desde el Miércoles hasta las 24 horas del Domingo.
El Viernes Santo, en que la imagen articulada del Nazareno bendice a los cuatro puntos cardinales es el momento en que callan los tambores.
Semana Santa, noventa y nueve,
por la mañana del Viernes Santo
suben Los Soplas, la fé los mueve,
hacia el calvario, tambor al canto.
El sol calienta, mas todo es leve,
la espera larga, no importa cuanto
y los tambores redoblan tanto
que a todo el cerro el temblor conmueve.
El Nazareno llega cansado,
desde la cima, silencio manda,
todo se queda mudo y callado.
Su mano santa el Señor levanta,
bendice al pueblo, cuando ha acabado
un gran estruendo el silencio espanta.
El Viernes Santo, en que la imagen articulada del Nazareno bendice a los cuatro puntos cardinales es el momento en que callan los tambores.
LA BENDICION
Semana Santa, noventa y nueve,
por la mañana del Viernes Santo
suben Los Soplas, la fé los mueve,
hacia el calvario, tambor al canto.
El sol calienta, mas todo es leve,
la espera larga, no importa cuanto
y los tambores redoblan tanto
que a todo el cerro el temblor conmueve.
El Nazareno llega cansado,
desde la cima, silencio manda,
todo se queda mudo y callado.
Su mano santa el Señor levanta,
bendice al pueblo, cuando ha acabado
un gran estruendo el silencio espanta.
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