Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Jamás imaginé
que por mirar
esa boatiné
me iba a pasar,
y afectaría
hasta a mi propia boda
¡Quién lo diría!
Iba yo con chaqué
de pura lana
y en ella me fijé
esa mañana.
Era tan burda
que me dio por reírme
de la palurda.
Y Dios me castigó
por tanta risa
y el coche se topó
por ir deprisa
justo en Gran Vía,
pues no pude ni verlo ,
con un tranvía.
Me rompí el peroné
por mi osadía
de mirar sin por qué
tal tontería.
¡Vaya torpeza!
al cruzarme en la esquina
con Hortaleza
Y mi gran ceremonia
quedó anulada
por tanta parsimonia
con mi llegada.
Ya no hubo boda.
Y ahora ni me acuerdo
ni me incomoda.
Tras meses de hospital
volví a la calle
y allí estaba, vital,
con ese talle
mi cenicienta
bajo la bata a cuadros
de una sirvienta.
¡Esa mujer tan bella
es mi princesa!,
solo puede ser ella,
¡oh, qué sorpresa!
Tras el desliz
todo terminó en boda.
Final feliz.
que por mirar
esa boatiné
me iba a pasar,
y afectaría
hasta a mi propia boda
¡Quién lo diría!
Iba yo con chaqué
de pura lana
y en ella me fijé
esa mañana.
Era tan burda
que me dio por reírme
de la palurda.
Y Dios me castigó
por tanta risa
y el coche se topó
por ir deprisa
justo en Gran Vía,
pues no pude ni verlo ,
con un tranvía.
Me rompí el peroné
por mi osadía
de mirar sin por qué
tal tontería.
¡Vaya torpeza!
al cruzarme en la esquina
con Hortaleza
Y mi gran ceremonia
quedó anulada
por tanta parsimonia
con mi llegada.
Ya no hubo boda.
Y ahora ni me acuerdo
ni me incomoda.
Tras meses de hospital
volví a la calle
y allí estaba, vital,
con ese talle
mi cenicienta
bajo la bata a cuadros
de una sirvienta.
¡Esa mujer tan bella
es mi princesa!,
solo puede ser ella,
¡oh, qué sorpresa!
Tras el desliz
todo terminó en boda.
Final feliz.