Lírico.
Exp..
La bomba
La bomba está en el filo de las cosas
y puedes activarla con un sueño,
con pájaros de horror o con memoria.
No sabes qué momento es el que elige
la bomba para hacer del cuerpo un mero
erial de destrucción, de muerte inútil;
la bomba aguarda incólume en el aire,
en la montaña helada, sobre el lecho
donde fornica el tedio con la vida.
La bomba es parecida a aquella espada
de Damocles, que cuelga sobre un cuello
hinchado entre rutinas y esquinazos
de la esquiva fortuna o la esperanza.
La bomba en tu bolsillo, en tus recuerdos,
la bomba en el regazo de tu madre,
en el rostro del mal, del bien, de todo;
tal vez cuando conduces por la nada...
La bomba está esperándote, y conoces
el vasto resplandor de su odio inmenso
que habrá de calcinarte, si algún día
detonas su metralla contra el mundo.
No olvides su tic tac, no jueges juegos
que puedan despertar su ira de siglos;
la bomba no perdona en su expansiva
miseria con rencores putrefactos.
La bomba está en el filo de las cosas
y puedes activarla con un sueño,
con pájaros de horror o con memoria.
No sabes qué momento es el que elige
la bomba para hacer del cuerpo un mero
erial de destrucción, de muerte inútil;
la bomba aguarda incólume en el aire,
en la montaña helada, sobre el lecho
donde fornica el tedio con la vida.
La bomba es parecida a aquella espada
de Damocles, que cuelga sobre un cuello
hinchado entre rutinas y esquinazos
de la esquiva fortuna o la esperanza.
La bomba en tu bolsillo, en tus recuerdos,
la bomba en el regazo de tu madre,
en el rostro del mal, del bien, de todo;
tal vez cuando conduces por la nada...
La bomba está esperándote, y conoces
el vasto resplandor de su odio inmenso
que habrá de calcinarte, si algún día
detonas su metralla contra el mundo.
No olvides su tic tac, no jueges juegos
que puedan despertar su ira de siglos;
la bomba no perdona en su expansiva
miseria con rencores putrefactos.
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