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Poeta fiel al portal
Bebí el mundo en tu infinito,
desvesti la noche,
desarrope las estrellas
amalgamando el infierno de mis entrañas en tu sereno cuerpo de ágata
(fluido y amnesia)
de la hegemonía mi via crucis adictivo.
Tu caudal se recostaba en mis labios,
enfuriaba mis venas y calentaba el recuerdo de tu tibio seno
¡nada me devolverá el clavel de tus pezones!
Cielo remoto de mi existencia pasada
donde nacía para mi la absurda gloria
de portones fríos y ropaje inmundo, asi:
Bebí el mundo en un segundo,
bebí el tiempo de catedrales y santos,
bebí ciudades enteras y su miseria
bebí las miradas tristes de los suburbios y los despojos de la infamia nocturna.
Bebí la sombra de tu pasado,
la piedad de la carne,
las sobras de tu tacto
y las lagrimas de mi Ángel de la guardia.
Bebi los dulces recuerdos de un infante
sus gritos, sus miedos y su soledad encerrados en los ojos de las lechuzas y los gagones .
Bebi el frio de los inviernos,
el agua de los charcos,
los copos de nieve,
el sol de la mañana,
el sol del zenit,
las rocas asfixiadas por el sol de verano
y nada calentaba mi corazón.
Bebí las teclas de tu piano,
dos viejas canciones
una tuya una mía
y estuve más solo que nunca;
bebi el pasado y presente de aquel instante
bebí también mis pasos de ida y de regreso.
-Volví a beber de ti, tus fotos
tus recuerdos y cartas -
Bebí los amores más dulces,
las desdichas de los amantes,
sus sobras de alcoba y su partida en cuartitos de hotel y coches aparcados.
Bebi el ombligo del mundo,
las estaciones y las noches de luna,
los rincones obscuros donde saltaban los últimos grillos (bebí también sus alas resquebrajadas)
Bebí puentes rotos,
cada poema mío,
cada letra escrita
hasta consumir la tinta y mi lengua.
Bebí la ternura yerma de mi abandono,
el último halo de luz y después,
mi ronca y gutural voz inhumana
hasta que el soplo se fue con el último monzón de este vestigio de piel.
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