Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
La bruja, tiene el vaivén del mar en las caderas,
un súbito estrellar de olas
en la humedad que dibuja paradojas;
unos hilos de cabellera
que jalan desde los extremos,
hasta que a través de ellos,
se cuelan pedazos de cielo.
un súbito estrellar de olas
en la humedad que dibuja paradojas;
unos hilos de cabellera
que jalan desde los extremos,
hasta que a través de ellos,
se cuelan pedazos de cielo.
Hacía años que ansiaba regresar a aquella casa
abandonada cerca del mar, en donde la había visto
por primera vez. La bruja, como la llamaban
había convertido aquel lugar en una especie
de de retazo de tiempo, donde no importaba nada.
Rodeo la casa, admirando cada detalle.
Las grietas en los muros, con sus marcas de humedad,
dibujaban formas amorfas. Las ventanas de madera
incompletas y vencidas sobre sus marcos, dejando
ver huecos de un oscuro espacio.
Se acerco para sentir la madera carcomida por el tiempo.
Sus dedos acariciando, se detuvieron súbitamente
al encontrar otros dedos sobre el marco. Quiso alejarse,
pero una mano sujeto su mano.
El latido de su corazón lo aturdía ahora.
Sentía, el tacto húmedo y la tela que apenas sobresalía goteando.
Giro su mano entre aquellos dedos, hasta sujetarla como haría un caballero.
Era él, ahora quien le invitaba a salir de aquella oscuridad.
Su mirada, como aquella primera vez;
cuando ella lo había sujetado justo antes de caer
por el borde del techo. La misma sensación que carcomía.
Se vio en sus ojos y bajo la mirada
junto con las gotas que resbalaban por su mentón
hacia sus pechos, donde la tela húmeda los traslucía
de la misma manera, como entonces.
Apenas pudo tocar las hebras de cabellos mojados.
Alguien lo llamaba y ella había vuelto a desaparecer en la oscuridad.
-Algún día, mi bruja- dijo él, volviendo sobre sus pasos y dejando todo atrás.
-Algún día- Escucho, justo cuando bajaba el ultimo escalón.