tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Saber que gira el mágico brillo del tiempo en torno a mí, me deja un gusto de colores santos, con aromas tenues de cifras inciertas y horas trémulas.
Avanzo desde el vientre mismo de mi esencia, dotado de entusiasmo, abrigo en angustia serena.
Cada trozo de mi espacio desvanece en este río oscuro.
Siento el presagio sutil de la noche, que descansa en las miradas nerviosas.
Tan frágil es la bulla del sarcasmo, que la irrisión socorrerá al viento, cercado contiguo al reflejo del escarnio.
La cara del espanto y yo, trucado en una imagen paralela
Justo aquí frente a mi sombra alienada.
Zumba el fantástico chirrido de una sátira ironía.
El miedo ronda líquido, se cuela en el brebaje.
Poso mis licores problemáticos dentro de una copa dorada y así, quizás descanse y amortice en la memoria ingrata; un nuevo sentir hasta otra vuelta.
Dictan las horas insolventes, y redactando ocultan las miserias, que intentarán reponerse, de este lánguido viaje de los deudos.
La brisa llegará temprano, cuando el diablo esté durmiendo.
Se esconderá entre los viejos muebles de la casa, me protegerá de los recuerdos.
Oficiará de madre y se llamará al silencio, en mis ratos rancios.
Júbilos de rabia de unos cuantos sabios pensadores, sabrán edificar mi estirpe, sobrevolando la calma y mis deslices violentos.
Sobrepondré a mi abstracta pestilencia, amansando la furia estéril.
Con la fuerza de esta pieza abstrusa, inconexa, esteparia, baldía, inhospitalaria.
Y mañana será un nuevo día.
Avanzo desde el vientre mismo de mi esencia, dotado de entusiasmo, abrigo en angustia serena.
Cada trozo de mi espacio desvanece en este río oscuro.
Siento el presagio sutil de la noche, que descansa en las miradas nerviosas.
Tan frágil es la bulla del sarcasmo, que la irrisión socorrerá al viento, cercado contiguo al reflejo del escarnio.
La cara del espanto y yo, trucado en una imagen paralela
Justo aquí frente a mi sombra alienada.
Zumba el fantástico chirrido de una sátira ironía.
El miedo ronda líquido, se cuela en el brebaje.
Poso mis licores problemáticos dentro de una copa dorada y así, quizás descanse y amortice en la memoria ingrata; un nuevo sentir hasta otra vuelta.
Dictan las horas insolventes, y redactando ocultan las miserias, que intentarán reponerse, de este lánguido viaje de los deudos.
La brisa llegará temprano, cuando el diablo esté durmiendo.
Se esconderá entre los viejos muebles de la casa, me protegerá de los recuerdos.
Oficiará de madre y se llamará al silencio, en mis ratos rancios.
Júbilos de rabia de unos cuantos sabios pensadores, sabrán edificar mi estirpe, sobrevolando la calma y mis deslices violentos.
Sobrepondré a mi abstracta pestilencia, amansando la furia estéril.
Con la fuerza de esta pieza abstrusa, inconexa, esteparia, baldía, inhospitalaria.
Y mañana será un nuevo día.