Mis versos libres
Poeta recién llegado
Tirada a sus pies supo cuánto la quería.
No solo disfrutaba del calor que le producía en los muslos la libertad de poseerla.
No solo el hecho de tocar sus suaves curvas ni la satisfacción oculta que le
brindaban las miradas envidiosas cuando llegaba en su compañía.
La amaba y negarlo era absurdo.
Se puso de nuevo el casco y después de levantarla, corriendo, la llevó al taller.
No solo disfrutaba del calor que le producía en los muslos la libertad de poseerla.
No solo el hecho de tocar sus suaves curvas ni la satisfacción oculta que le
brindaban las miradas envidiosas cuando llegaba en su compañía.
La amaba y negarlo era absurdo.
Se puso de nuevo el casco y después de levantarla, corriendo, la llevó al taller.
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