Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La campanada real
Como era un día de luces,
vestido el son de alegría,
la sombra de la campana
por el puente descendía.
Tan alta como una dama
vestida para la vida,
se acerca la más fulana
galana de fullería.
La marcha para un momento,
música del cielo, pía,
tan pía para ese suelo
gran río que se salía.
El puente se vino abajo,
la dama de la semana,
cayó sobre la campana
del santo con su badajo.
El rey demanda varones,
la reina quisiera hijos;
llegaron a borbotones,
que reina es de los sufijos.
Estaban los ricos hombres,
los barones y marqueses,
también los gobernadores
vinieron a dar sus veces.
La reina descubre el río,
que llegó toda la tropa,
y gente del pueblo arropa...
Bienvenidos, hijos míos.
La campana no me toca,
ni me suena el mar bravío;
clueca está en el río rota...
¡Arregladme el señorío!
Como era un día de luces,
vestido el son de alegría,
la sombra de la campana
por el puente descendía.
Tan alta como una dama
vestida para la vida,
se acerca la más fulana
galana de fullería.
La marcha para un momento,
música del cielo, pía,
tan pía para ese suelo
gran río que se salía.
El puente se vino abajo,
la dama de la semana,
cayó sobre la campana
del santo con su badajo.
El rey demanda varones,
la reina quisiera hijos;
llegaron a borbotones,
que reina es de los sufijos.
Estaban los ricos hombres,
los barones y marqueses,
también los gobernadores
vinieron a dar sus veces.
La reina descubre el río,
que llegó toda la tropa,
y gente del pueblo arropa...
Bienvenidos, hijos míos.
La campana no me toca,
ni me suena el mar bravío;
clueca está en el río rota...
¡Arregladme el señorío!
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