Hola a todos, este es mi primer post en el foro.
Os agradecería que hicieseis una crítica constructiva de este poema con el cual no estoy muy satisfecho (todo sea dicho). Creo que caigo en algún lugar común y una condescendencia innecesaria. Asimismo, agradecería que me recomendarais pautas o lecturas para mejorar las conclusiones; saber cómo llevar el poema a algún sitio, en definitiva. Porque aunque -modestamente- me maneje en la métrica, en el contenido tiendo ser demasiado descriptivista.
Gracias de antemano.
La canción del raíl
Al principio fue el silencio.
(Aquellas torpes palomas
siquiera lo sospechaban).
Luego unas venas eléctricas.
La tierra abriéndose como
geranios bajo la lluvia.
Y dos raíles llorando
su dolor ante el crepúsculo.
Abandonaste esta tierra,
mi serpiente plateada
de escamas blancas y gesto
alemán. La abandonaste
porque atrás todo lo dejas,
como si fuera un mal vicio
o una costumbre gastada.
En dos partiste Castilla
desobedeciendo mapas,
fronteras y latitudes.
Atrás quedaron sus pastos,
el secreto de sus bosques
y sus montañas de azúcar
que estrenaste por los túneles.
Por fin, tu lengua de acero
se detuvo al recordar
esa fatal impotencia
del que no es de ningún lado.
Y fue luego una gaviota
—no una paloma— quien dio
su bienvenida, posada
sobre tu cuerpo aún mojado.
Y otra vez más: silencio.
Os agradecería que hicieseis una crítica constructiva de este poema con el cual no estoy muy satisfecho (todo sea dicho). Creo que caigo en algún lugar común y una condescendencia innecesaria. Asimismo, agradecería que me recomendarais pautas o lecturas para mejorar las conclusiones; saber cómo llevar el poema a algún sitio, en definitiva. Porque aunque -modestamente- me maneje en la métrica, en el contenido tiendo ser demasiado descriptivista.
Gracias de antemano.
La canción del raíl
Dios vehemente de una raza de acero
Filippo Tommaso Marinetti
Filippo Tommaso Marinetti
Al principio fue el silencio.
(Aquellas torpes palomas
siquiera lo sospechaban).
Luego unas venas eléctricas.
La tierra abriéndose como
geranios bajo la lluvia.
Y dos raíles llorando
su dolor ante el crepúsculo.
Abandonaste esta tierra,
mi serpiente plateada
de escamas blancas y gesto
alemán. La abandonaste
porque atrás todo lo dejas,
como si fuera un mal vicio
o una costumbre gastada.
En dos partiste Castilla
desobedeciendo mapas,
fronteras y latitudes.
Atrás quedaron sus pastos,
el secreto de sus bosques
y sus montañas de azúcar
que estrenaste por los túneles.
Por fin, tu lengua de acero
se detuvo al recordar
esa fatal impotencia
del que no es de ningún lado.
Y fue luego una gaviota
—no una paloma— quien dio
su bienvenida, posada
sobre tu cuerpo aún mojado.
Y otra vez más: silencio.