Antonio González
Poeta recién llegado
La cárcel de mi alma
Me mantiene prisionero
De mi propia idiosincrasia.
Custodiada por alabarderos
Que impiden por la armas
Cualquier tipo de acceso
El carcelero, un mal hombre,
Cierra el candado con llave.
No me llama por mi nombre
Peor que a perro me trata, si cabe.
Y aunque esto no te asombre,
Mi penar no permite que acabe
En esta cárcel tan fría
A la que no accede ni el sol,
Llega cada noche la alegría
En forma de carta de amor
Por una paloma traída.
¿de quién viene?, que se yo
Nunca he visto su cara.
No conozco su color.
Solo se que me embelesa,
Que me aleja del temor
De no ver de nuevo el día,
De no ver otro color
Que el gris mate de mi celda
Y del carcelero el marrón
Esos ratos de lectura
Me alejan de la mazmorra
Y hacen que su hermosura
Imagine en mi memoria,
Poniéndole el rostro de alguna
Otra dama que, en mi historia,
Conociera bajo la luna
Y llevara yo a la gloria
Pero un día la paloma
Carta ya no me trajo.
El carcelero con su arco
La derribó en la ventana.
Su sangre, roja cual humana,
Escurrió por la pared hedionda
Y la carta que portaba, el viento helado,
Del muro llevó al otro lado.
Ya no tengo más remedio
Que quedarme allí tendido,
Pensando con gran anhelo
En lo que fue y podía haber sido:
Hubiera podido salvarme,
Hubiera podido salir,
Si no fuera por empeñarme
En penar con mí sufrir
El carcelero un día, por fin la puerta abrió
¡Que sorpresa la mía cuando su rostro asomó!
Tenía mis mismos andares, y hablaba tal como yo
Era como yo de alto, los ojos del mismo color.
También se llamaba Antonio y era de Badajoz.
¡Qué coincidencia tan grande!, en estas pensé yo,
Sin caer en la cuenta, de que el carcelero feroz
Era yo mismo, ¡¡¡yo mismo!!!, quien me negaba ver el sol,
Encerrado en la coraza de mi mente y mi temor.
Y quien remite las cartas, es mi amada, quien me amó.
Pero tantas escribía, que nunca contesté yo,
Que terminó por marcharse a buscar un nuevo amor:
Alguien que no tenga cárcel, en su duro corazón,
Que le escuche y que le hable y le de gracias a Dios,
Por tener tal compañera, le tenga fiel devoción
Y sepa darle a sus cartas el merecido valor,
Contestándolas sin falta, con esmero y con pasión.
Y no la abandone un día, en vida, como hice yo.
Me mantiene prisionero
De mi propia idiosincrasia.
Custodiada por alabarderos
Que impiden por la armas
Cualquier tipo de acceso
El carcelero, un mal hombre,
Cierra el candado con llave.
No me llama por mi nombre
Peor que a perro me trata, si cabe.
Y aunque esto no te asombre,
Mi penar no permite que acabe
En esta cárcel tan fría
A la que no accede ni el sol,
Llega cada noche la alegría
En forma de carta de amor
Por una paloma traída.
¿de quién viene?, que se yo
Nunca he visto su cara.
No conozco su color.
Solo se que me embelesa,
Que me aleja del temor
De no ver de nuevo el día,
De no ver otro color
Que el gris mate de mi celda
Y del carcelero el marrón
Esos ratos de lectura
Me alejan de la mazmorra
Y hacen que su hermosura
Imagine en mi memoria,
Poniéndole el rostro de alguna
Otra dama que, en mi historia,
Conociera bajo la luna
Y llevara yo a la gloria
Pero un día la paloma
Carta ya no me trajo.
El carcelero con su arco
La derribó en la ventana.
Su sangre, roja cual humana,
Escurrió por la pared hedionda
Y la carta que portaba, el viento helado,
Del muro llevó al otro lado.
Ya no tengo más remedio
Que quedarme allí tendido,
Pensando con gran anhelo
En lo que fue y podía haber sido:
Hubiera podido salvarme,
Hubiera podido salir,
Si no fuera por empeñarme
En penar con mí sufrir
El carcelero un día, por fin la puerta abrió
¡Que sorpresa la mía cuando su rostro asomó!
Tenía mis mismos andares, y hablaba tal como yo
Era como yo de alto, los ojos del mismo color.
También se llamaba Antonio y era de Badajoz.
¡Qué coincidencia tan grande!, en estas pensé yo,
Sin caer en la cuenta, de que el carcelero feroz
Era yo mismo, ¡¡¡yo mismo!!!, quien me negaba ver el sol,
Encerrado en la coraza de mi mente y mi temor.
Y quien remite las cartas, es mi amada, quien me amó.
Pero tantas escribía, que nunca contesté yo,
Que terminó por marcharse a buscar un nuevo amor:
Alguien que no tenga cárcel, en su duro corazón,
Que le escuche y que le hable y le de gracias a Dios,
Por tener tal compañera, le tenga fiel devoción
Y sepa darle a sus cartas el merecido valor,
Contestándolas sin falta, con esmero y con pasión.
Y no la abandone un día, en vida, como hice yo.