En la cárcel de los días oscuros
me encuentro.
Mi paciencia se deslíe
sin apenas fuerzas para resistir.
La luz de otoño,
fría y sumisa
entra por la ventana
y me acompaña;
ella pelea con las nubes
y a ratos se posa en mis pies.
Es como una vela en la noche
que te dice en el lugar que estoy.
Mi pecho se levanta
para coger aire
y romper algún barrote;
consiguiendo fuerzas para seguir
por el camino de la luz abrasadora
que se deshizo en el esfuerzo.
me encuentro.
Mi paciencia se deslíe
sin apenas fuerzas para resistir.
La luz de otoño,
fría y sumisa
entra por la ventana
y me acompaña;
ella pelea con las nubes
y a ratos se posa en mis pies.
Es como una vela en la noche
que te dice en el lugar que estoy.
Mi pecho se levanta
para coger aire
y romper algún barrote;
consiguiendo fuerzas para seguir
por el camino de la luz abrasadora
que se deshizo en el esfuerzo.