Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La casa de la escritura
En la casa de la escritura había dos templos de dioses turbios;
uno era el don de los labios sueltos, otro era el sueño que duerme puro.
En una esquina de luces vivas se divisaba el eco ambiguo,
eran los peces de una vitrina que dibujaban un texto antiguo.
La soledad lleva en sus pasillos todo el silencio de algún futuro.
La eternidad se resuelve al paso, solo le queda romper el muro.
Todos los gritos llevan la misma que condecora a la boca muerta,
es la medalla que gana el cisma al traspasar la maldita puerta.
Todo es el punto que une espacios que con el tiempo desata el plexo,
y nada está sin la sombra encima salvo algún viento que alivie el texto.
En una historia que ni contada hace del cuento su apología
debe ser prosa que mejorada resucitó en la poesía.
En la casa de la escritura había dos templos de dioses turbios;
uno era el don de los labios sueltos, otro era el sueño que duerme puro.
En una esquina de luces vivas se divisaba el eco ambiguo,
eran los peces de una vitrina que dibujaban un texto antiguo.
La soledad lleva en sus pasillos todo el silencio de algún futuro.
La eternidad se resuelve al paso, solo le queda romper el muro.
Todos los gritos llevan la misma que condecora a la boca muerta,
es la medalla que gana el cisma al traspasar la maldita puerta.
Todo es el punto que une espacios que con el tiempo desata el plexo,
y nada está sin la sombra encima salvo algún viento que alivie el texto.
En una historia que ni contada hace del cuento su apología
debe ser prosa que mejorada resucitó en la poesía.