Paolo Luna
Poeta adicto al portal
La casa de mi madre otrora nueva,
tan solo de recuerdos fue pintada
olores que en silencio el tiempo lleva;
Manjares de una vida saboreada.
Las plantas del jardín le han dado paso
a diez o más baldosas que no encajan,
ya no hay de buganvilia un solo brazo
y solo los suspiros se desgajan.
Las huellas de la infancia aun decoran
la mesa sin mantel del comedor
alegrase la mente cuando afloran
los juegos que aún recuerda el corredor.
La puerta que envidiara la comuna
parece que con llanto dice: -¡Pasa!-
y aquella luz que viene de la luna
descansa abandonada en la terraza.
Adentro hay un fogón que huele a leña
aviva una pasión que sabe a antaño.
La hermosa casa en que mi madre sueña,
se pinta de añoranzas de año en año.
tan solo de recuerdos fue pintada
olores que en silencio el tiempo lleva;
Manjares de una vida saboreada.
Las plantas del jardín le han dado paso
a diez o más baldosas que no encajan,
ya no hay de buganvilia un solo brazo
y solo los suspiros se desgajan.
Las huellas de la infancia aun decoran
la mesa sin mantel del comedor
alegrase la mente cuando afloran
los juegos que aún recuerda el corredor.
La puerta que envidiara la comuna
parece que con llanto dice: -¡Pasa!-
y aquella luz que viene de la luna
descansa abandonada en la terraza.
Adentro hay un fogón que huele a leña
aviva una pasión que sabe a antaño.
La hermosa casa en que mi madre sueña,
se pinta de añoranzas de año en año.
Última edición: