RAMIPOETA
– RAMIRO PONCE ”POETA RAPSODA"
LA CASA DE PAPÁ
Desde la vieja plaza, nace la calle larga,
subiendo por la izquierda, muy fácil de llegar,
dos puertas, la ventana y una pequeña huerta,
de blanco era pintada la casa de papá.
Las paredes de adobe, la techumbre de teja,
con el piso de tierra y un horno para el pan,
atrás un patio grande y la acequia que riega
los campos de hortalizas, el fréjol, y el maizal.
En esa casa un día miré la luz primera,
en esa misma casa, aprendí a caminar,
ahí fue de a poquito poniendo una escalera
me esforzaba por solo coger un chihualcan.
Casita de la infancia, donde con regadera
mojando las lechugas que sembró mi papá,
pensaba que mi sueños serán solo quimera
al ver como imposible mis metas alcanzar;
o bien por la pobreza que mis padres me dieran,
o por lo abandonados que los pueblos están.
No pasó mucho tiempo, por cosas del destino,
abandoné mi pueblo, con solo un maletín,
fui recorriendo el mundo abriéndome un camino,
fui feliz, no lo niego, también mucho sufrí.
Han pasado los años, la casa, no se ha ido,
miro, nada ha cambiado, ni siquiera el zaguán,
pero al pasar les juro, se me escapa un suspiro
con las ansias inmensa de ponerme a llorar,
al mirar en el patio que jugué cuando niño,
son otros pequeñuelos jugando en el solar.
La casa de la infancia, has sido ya vendida,
casi todos se han ido de este hermoso lugar,
ha quedado mi hermana mayor, se llama Elfrida,
cinco cuadras abajo de lo que fue mi hogar.
No sé…siento en el pecho punzadas que me ahogan,
los latidos del pecho, tienden a acelerar,
como cuando los ojos con sentimiento lloran,
también están los míos queriendo lagrimear,
mirando la casita donde feliz un día
ha sido ya vendida, no hay como recomprar,
menos, si papá que era el dueño.
Jamás va a regresar.
Ramiro Ponce P.
Desde la vieja plaza, nace la calle larga,
subiendo por la izquierda, muy fácil de llegar,
dos puertas, la ventana y una pequeña huerta,
de blanco era pintada la casa de papá.
Las paredes de adobe, la techumbre de teja,
con el piso de tierra y un horno para el pan,
atrás un patio grande y la acequia que riega
los campos de hortalizas, el fréjol, y el maizal.
En esa casa un día miré la luz primera,
en esa misma casa, aprendí a caminar,
ahí fue de a poquito poniendo una escalera
me esforzaba por solo coger un chihualcan.
Casita de la infancia, donde con regadera
mojando las lechugas que sembró mi papá,
pensaba que mi sueños serán solo quimera
al ver como imposible mis metas alcanzar;
o bien por la pobreza que mis padres me dieran,
o por lo abandonados que los pueblos están.
No pasó mucho tiempo, por cosas del destino,
abandoné mi pueblo, con solo un maletín,
fui recorriendo el mundo abriéndome un camino,
fui feliz, no lo niego, también mucho sufrí.
Han pasado los años, la casa, no se ha ido,
miro, nada ha cambiado, ni siquiera el zaguán,
pero al pasar les juro, se me escapa un suspiro
con las ansias inmensa de ponerme a llorar,
al mirar en el patio que jugué cuando niño,
son otros pequeñuelos jugando en el solar.
La casa de la infancia, has sido ya vendida,
casi todos se han ido de este hermoso lugar,
ha quedado mi hermana mayor, se llama Elfrida,
cinco cuadras abajo de lo que fue mi hogar.
No sé…siento en el pecho punzadas que me ahogan,
los latidos del pecho, tienden a acelerar,
como cuando los ojos con sentimiento lloran,
también están los míos queriendo lagrimear,
mirando la casita donde feliz un día
ha sido ya vendida, no hay como recomprar,
menos, si papá que era el dueño.
Jamás va a regresar.
Ramiro Ponce P.