mariadelsolar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Caía la noche y el lucero
renacía solemne, bajo el cielo.
La marea honraba su linaje
seduciendo la espuma en su embeleso.
La casa sucumbía entre el oleaje
y era amada en silencio con sus besos.
Su luz, enamoraba incansable el infinito
y desde antaño, acunaba en sus brazos
el esplendor de todo el universo.
La casa del faro sostenía,
la soledad del mundo con su abrazo,
habitaba en ella la melancolía,
y la brisa descansaba en su regazo.
En la casa del faro se arrullaban
las voces desoladas de los vientos
dibujando en el ocaso sus lamentos.
Ella era el bastión de los tormentos
y en su perfil indomable y majestuoso
la eternidad inmoló su desconsuelo.
renacía solemne, bajo el cielo.
La marea honraba su linaje
seduciendo la espuma en su embeleso.
La casa sucumbía entre el oleaje
y era amada en silencio con sus besos.
Su luz, enamoraba incansable el infinito
y desde antaño, acunaba en sus brazos
el esplendor de todo el universo.
La casa del faro sostenía,
la soledad del mundo con su abrazo,
habitaba en ella la melancolía,
y la brisa descansaba en su regazo.
En la casa del faro se arrullaban
las voces desoladas de los vientos
dibujando en el ocaso sus lamentos.
Ella era el bastión de los tormentos
y en su perfil indomable y majestuoso
la eternidad inmoló su desconsuelo.
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