Osidiria
Poeta asiduo al portal
Había mucha nieve, pleno verano,
algo no marchaba bien y decidí investigar.
La casa estaba vacía,
llena de trastos inútiles que nadie había utilizado hacía tiempo,
colgado en la pared,
un calendario con todas sus hojas arrancadas
menos la del mes que da las campanadas de fin de año,
extraño, muy extraño,
nadie se había molestado en vendimiar
y las uvas de la buena suerte no aparecían por ningún lado,
en mitad del salón un reloj de cuco parado
anunció la hora del ángelus, ding dong,
mediodía, el sol no parecía tener prisa por levantarse,
últimamente andaba algo triste,
cabizbajo, arrastrando sus pies `por el suelo,
¿qué le pasa al sol?,
“se habrá quedado sin presupuesto para lucir mejor”, pensé,
subí al piso superior y en mitad de la escalera caí en la cuenta
que en realidad estaba bajando al sótano……
y entonces sucedió;
allí estaba ella, la dueña de la casa,
le di el alto pero no me hizo caso,
le disparé a la cabeza, no dijo nada y sonrió,
tengo hambre, voy a comer algo, ¿me acompañas?
gustoso acepté su amable invitación,
ya en la sobremesa
y ante una humeante taza de café recién hecho,
nos miramos a los ojos, nos cogimos de las manos
y de mutuo acuerdo nos hicimos amantes,
desde entonces la visito a menudo,
tomamos café, jugamos al amor,
a los dos nos va muy bien.
algo no marchaba bien y decidí investigar.
La casa estaba vacía,
llena de trastos inútiles que nadie había utilizado hacía tiempo,
colgado en la pared,
un calendario con todas sus hojas arrancadas
menos la del mes que da las campanadas de fin de año,
extraño, muy extraño,
nadie se había molestado en vendimiar
y las uvas de la buena suerte no aparecían por ningún lado,
en mitad del salón un reloj de cuco parado
anunció la hora del ángelus, ding dong,
mediodía, el sol no parecía tener prisa por levantarse,
últimamente andaba algo triste,
cabizbajo, arrastrando sus pies `por el suelo,
¿qué le pasa al sol?,
“se habrá quedado sin presupuesto para lucir mejor”, pensé,
subí al piso superior y en mitad de la escalera caí en la cuenta
que en realidad estaba bajando al sótano……
y entonces sucedió;
allí estaba ella, la dueña de la casa,
le di el alto pero no me hizo caso,
le disparé a la cabeza, no dijo nada y sonrió,
tengo hambre, voy a comer algo, ¿me acompañas?
gustoso acepté su amable invitación,
ya en la sobremesa
y ante una humeante taza de café recién hecho,
nos miramos a los ojos, nos cogimos de las manos
y de mutuo acuerdo nos hicimos amantes,
desde entonces la visito a menudo,
tomamos café, jugamos al amor,
a los dos nos va muy bien.
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