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La casa viva

penabad57

Poeta veterano en el portal
Está viva la casa porque gime el corazón de sus muros.

Lo intuí desde la infancia cuando el pasillo fue vena de sangre oscura
y yo un nadador de su silencio.

Está viva la casa con la melancolía de los espejos
que me devuelven, engañándome, un rostro juvenil,
como si la memoria con su ansia de azogue
fructificara tras un óvalo que se amolda a las veleidades
de quien en su faz de hoy ve una quimera.

La casa está viva, pues los libros se abren
por las páginas marcadas con aquel lápiz que escribió notas de ilusión
bajo las letras inamovibles de un discurso eterno.

Está viva la casa si miro los cuadros
y sonríen sus bocas de óleo yacente,
si en el reloj de madera no encuentro la mortaja del cuco,
si el teléfono timbra cada día en mi corazón
como si Raquel aún quisiera dejar en el contestador
el mensaje íntimo que nunca se atrevió a decirme.

Está viva la casa porque los recuerdos inundan las paredes,
las voces familiares siguen flotando en la luz, con su alegría de sol,
con el susurro infantil detrás de las puertas, con su invisibilidad de fluido mágico.

Está viva la casa, simplemente, porque así lo siento.
 
Última edición:
Casa es hogar por quienes la habitan. Tiempos donde falta espacio en la mesa y sobra alegría; tiempos donde donde hay más sillas que comensales y de a poco se le cede la voz a los fantasmas que hace mucho se mudaron. Sin embargo, ahí fue la vida, la vida incesante de cuando uno piensa que solo vivir permanece. Y lo que permanece es la memoria, memoria que alguna vez habrán otros de recordar por nosotros.
Ay, amigo Ramón, es muy hermoso poder leerte, encontrar complicidades y espejos. A los espejos se les mira de frente y se les sonríe: ¿Qué te traes, insidioso? Vengo de vivir, no de imitar la vida. ¿Qué puedes recordar tú?
Abrazos, buen amigo, y gracias chingonas por la buena letra.
 
Está viva la casa porque gime el corazón de sus muros.

Lo intuí desde la infancia cuando el pasillo fue vena de sangre oscura
y yo un nadador de su silencio.

Está viva la casa con la melancolía de los espejos
que me devuelven, engañándome, un rostro juvenil,
como si la memoria con su ansia de azogue
fructificara tras un óvalo que se amolda a las veleidades
de quien en su faz de hoy ve una quimera.

La casa está viva, pues los libros se abren
por las páginas marcadas con aquel lápiz que escribió notas de ilusión
bajo las letras inamovibles de un discurso eterno.

Está viva la casa si miro los cuadros
y sonríen sus bocas de óleo yacente,
si en el reloj de madera no encuentro la mortaja del cuco,
si el teléfono timbra cada día en mi corazón
como si Raquel aún quisiera dejar en el contestador
el mensaje íntimo que nunca se atrevió a decirme.

Está viva la casa porque los recuerdos inundan las paredes,
las voces familiares siguen flotando en la luz, con su alegría de sol,
con el susurro infantil detrás de las puertas, con su invisibilidad de fluido mágico.

Está viva la casa, simplemente, porque así lo siento.

Esta muy bien escrito, como de costumbre, me refiero a los signos de puntuación, enhorabuena; no es fácil de ver por aquí.

He vivido en muchas casas, puede que una veintena; no recuerdo todas... y las de paso. En todas he dejado impregnados mis sentimientos, mis ilusiones, mis quehaceres, claro que las casas están vivas, lo siento como tú.

Un abrazo.
 
Está viva la casa porque gime el corazón de sus muros.

Lo intuí desde la infancia cuando el pasillo fue vena de sangre oscura
y yo un nadador de su silencio.

Está viva la casa con la melancolía de los espejos
que me devuelven, engañándome, un rostro juvenil,
como si la memoria con su ansia de azogue
fructificara tras un óvalo que se amolda a las veleidades
de quien en su faz de hoy ve una quimera.

La casa está viva, pues los libros se abren
por las páginas marcadas con aquel lápiz que escribió notas de ilusión
bajo las letras inamovibles de un discurso eterno.

Está viva la casa si miro los cuadros
y sonríen sus bocas de óleo yacente,
si en el reloj de madera no encuentro la mortaja del cuco,
si el teléfono timbra cada día en mi corazón
como si Raquel aún quisiera dejar en el contestador
el mensaje íntimo que nunca se atrevió a decirme.

Está viva la casa porque los recuerdos inundan las paredes,
las voces familiares siguen flotando en la luz, con su alegría de sol,
con el susurro infantil detrás de las puertas, con su invisibilidad de fluido mágico.

Está viva la casa, simplemente, porque así lo siento.
Las paredes devuelven sonrisas y los espejos nos devuelven las muecas de nuestros hermanos burlones que también fueron confidentes, la misma confidencia nos hacía objetos de sus sornas... todo es un compendio de recuerdos, recuerdos mas hermosos que lúgubres... Aunque pasen muchos años, la memoria guardará los años de la infancia, condensada en los pretiles de la estancia, en el zaguán de la melancolía, en los clavos de las paredes donde quedaron colgados nuestros sueños. Algún día volveremos a casa sin saberlo.
Gracias, mi estimadísimo Penabad, por compartir tan valiosa y bella obra
Un abrazo amable, poeta
 
Casa es hogar por quienes la habitan. Tiempos donde falta espacio en la mesa y sobra alegría; tiempos donde donde hay más sillas que comensales y de a poco se le cede la voz a los fantasmas que hace mucho se mudaron. Sin embargo, ahí fue la vida, la vida incesante de cuando uno piensa que solo vivir permanece. Y lo que permanece es la memoria, memoria que alguna vez habrán otros de recordar por nosotros.
Ay, amigo Ramón, es muy hermoso poder leerte, encontrar complicidades y espejos. A los espejos se les mira de frente y se les sonríe: ¿Qué te traes, insidioso? Vengo de vivir, no de imitar la vida. ¿Qué puedes recordar tú?
Abrazos, buen amigo, y gracias chingonas por la buena letra.
Gracias a ti, Pedro, por la lectura y el interesante comentario que dejas. Un abrazo, amigo.
 
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