Maldonado
Poeta veterano en el Portal
No había nadie y caminaba sin nadie. Viento helado que enfría las paredes; un sol que no calienta mi alma, viento que solo sirve para levantar papelillos que te escribí y que nunca leíste todos. Nunca hubo tiempo completo; nunca se pudo, viento que ahora solo levanta polvos de soledad, sol que solo sabe reflejar cristales que odio, ya que no estás en ningún lado para iluminarte.
¿Quién pondría esa melodía que se quedó en toda mi vida? Mis pasos, salían ya que no estabas, pero tu nombre estaba impregnado en todas las paredes y pocas veces lo oíste de mi boca, Y así me voy, tanto que duele, dejo melodía y aula vacía. Y aún te amo después de tantos años en los que no te he dicho nada y tanto que lastima hasta la casi muerte.
¿Acaso sí eras una virgen santa; tal cual te veía y me hacía bajar la mirada? Serena, hermosa, aún te pronuncia mi boca, si eres poderosa, entonces regresa el tiempo y repetiré lo que solo una vez te dije, te amo y aún en este tiempo te amo y aun en el que viene hasta el fin de la vida.
Te diré que hubo una vez que mi mano tocó tu mano y no parecía de seda ni piel humana; fue entonces que conocí la piel de un querubín. Una revolución se desató dentro de mí y nunca supiste de qué tamaño. La ciudad se partió a la mitad y yo caí en medio en un vacío de vida entera.
¿Por qué no volvió el momento de mi mano en tu mano? Te fuiste y el camino al buscarte se hizo zanja y nunca volviste, nunca, y el tiempo caminaba lento no por pasos, sino por lágrimas que nunca las has visto, nunca.
Ramón Maldonado V.
05/11/09
¿Quién pondría esa melodía que se quedó en toda mi vida? Mis pasos, salían ya que no estabas, pero tu nombre estaba impregnado en todas las paredes y pocas veces lo oíste de mi boca, Y así me voy, tanto que duele, dejo melodía y aula vacía. Y aún te amo después de tantos años en los que no te he dicho nada y tanto que lastima hasta la casi muerte.
¿Acaso sí eras una virgen santa; tal cual te veía y me hacía bajar la mirada? Serena, hermosa, aún te pronuncia mi boca, si eres poderosa, entonces regresa el tiempo y repetiré lo que solo una vez te dije, te amo y aún en este tiempo te amo y aun en el que viene hasta el fin de la vida.
Te diré que hubo una vez que mi mano tocó tu mano y no parecía de seda ni piel humana; fue entonces que conocí la piel de un querubín. Una revolución se desató dentro de mí y nunca supiste de qué tamaño. La ciudad se partió a la mitad y yo caí en medio en un vacío de vida entera.
¿Por qué no volvió el momento de mi mano en tu mano? Te fuiste y el camino al buscarte se hizo zanja y nunca volviste, nunca, y el tiempo caminaba lento no por pasos, sino por lágrimas que nunca las has visto, nunca.
Ramón Maldonado V.
05/11/09
Última edición: