Ya no recuerdo su figura blanca, a contraluz.
Como si naciera de tejados infantiles, la aguja miente.
El olor de la tarde se confunde con la memoria del invierno.
Yo conocí antes aquella puerta esmaltada,
sentí bajo su bóveda el aire secular del tiempo.
Son las calles espejos de luz, en las tiendas el aroma
llega cubierto de alelí, madreselva y alcanfor.
Se elevan los balcones con sus trajes de acero,
una lluvia de espadas cae como mercurio sobre la tierra.
¿Has oído el murmullo de los altares?,
¿has sentido la orgullosa presencia del sepulcro?.
Esta ciudad gritó con una cruz en la garganta.
Sus colores llaman a la sangre con mantos de locura,
es la regia sed de la conquista, el designio divino
en sus pétalos de piedra.
Como si naciera de tejados infantiles, la aguja miente.
El olor de la tarde se confunde con la memoria del invierno.
Yo conocí antes aquella puerta esmaltada,
sentí bajo su bóveda el aire secular del tiempo.
Son las calles espejos de luz, en las tiendas el aroma
llega cubierto de alelí, madreselva y alcanfor.
Se elevan los balcones con sus trajes de acero,
una lluvia de espadas cae como mercurio sobre la tierra.
¿Has oído el murmullo de los altares?,
¿has sentido la orgullosa presencia del sepulcro?.
Esta ciudad gritó con una cruz en la garganta.
Sus colores llaman a la sangre con mantos de locura,
es la regia sed de la conquista, el designio divino
en sus pétalos de piedra.