Con miles de telarañas en el alma,
te invito a tu cena para uno solo,
mis manos transmiten el frío del polo,
ni te lloro, ni te río, ni me llamas.
Este vaso de vino sin sus labios,
la silla que echa de menos tu crujir,
el clavel yace sobre la mesa lacio,
la vela al fuego trata de sobrevivir.
El timbre no quiere quedarse frío,
el móvil que le digas por qué no llegas,
el buzón ver al cartero sombrío,
mi sangre que le empujes por mis venas.
Como hace ya más de cuarenta viernes,
todavía no asumo tu adiós imberbe,
recojo haciendo eses tu cena intacta,
mientras tú no vienes, la vida pasa.
te invito a tu cena para uno solo,
mis manos transmiten el frío del polo,
ni te lloro, ni te río, ni me llamas.
Este vaso de vino sin sus labios,
la silla que echa de menos tu crujir,
el clavel yace sobre la mesa lacio,
la vela al fuego trata de sobrevivir.
El timbre no quiere quedarse frío,
el móvil que le digas por qué no llegas,
el buzón ver al cartero sombrío,
mi sangre que le empujes por mis venas.
Como hace ya más de cuarenta viernes,
todavía no asumo tu adiós imberbe,
recojo haciendo eses tu cena intacta,
mientras tú no vienes, la vida pasa.