En el triste charco,
se pasean las nubes
que no tienen reloj.
Los zapaburus
dentro de su mundo liquido
gris y verde, zigzaguean.
No miran al cielo,
no les importa la lluvia,
conocen cada gota de su gran charca
que se mueve
con el juego de los niños
y el suspiro de la tierra.
Cuando los miro largamente
durante un rato,
están vivos en mis ojos cerrados,
y se desvanecen desfigurándose
igual que algunos sueños al despertar.
Roto y pequeño
se queda en mi recuerdo el charquito
donde los niños juegan
y los zapaburus nadan
sin poder distinguir los árboles
del parque que los guarda.
se pasean las nubes
que no tienen reloj.
Los zapaburus
dentro de su mundo liquido
gris y verde, zigzaguean.
No miran al cielo,
no les importa la lluvia,
conocen cada gota de su gran charca
que se mueve
con el juego de los niños
y el suspiro de la tierra.
Cuando los miro largamente
durante un rato,
están vivos en mis ojos cerrados,
y se desvanecen desfigurándose
igual que algunos sueños al despertar.
Roto y pequeño
se queda en mi recuerdo el charquito
donde los niños juegan
y los zapaburus nadan
sin poder distinguir los árboles
del parque que los guarda.