Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La cinta
Yo vi pasar al águila
sobrevolando la cinta,
y he visto girar al ave
con su rápida destreza;
también vi a la presa rauda
al escape de la muerte selectora,
y vi nacer el río
y al amor en su deshora.
No vi en esos valles,
ni a la noche,
ni a la aurora,
ni a los pájaros trinando,
ni a los hombres,
ni su sombra;
solo vi una primavera
tan distinta a la de ahora,
que no puedo describir
si no es con una ola,
la presencia de sentir
que mi alma estaba sola.
Tendré del tiempo sobra
para hacer a la mujer,
esa misma con su cinta
donde el águila fue ayer.
Me desdigo y no hice nada
del extraño acontecer;
la mujer también estaba
esperando a su porqué.
Nos unimos frente a frente
y otras veces sin frontal;
todo el mundo fue presente
en el acto de engendrar.
La hinchazón se hizo patente
y el misterio estuvo en paz,
cuando el ave fue valiente
y en picado por rapaz,
consiguió la gran hazaña
de subir para cazar.
Comprendí la natural
compañía milagrosa,
y al nacer la doble rosa
me sentí todo animal.
Vi a los dioses de perfiles
condenándome a vagar,
a ofrecer el sacrificio
de aquel vientre por sembrar.
¡Yo vi pasar al águila
como un dios en su volar!
Yo vi pasar al águila
sobrevolando la cinta,
y he visto girar al ave
con su rápida destreza;
también vi a la presa rauda
al escape de la muerte selectora,
y vi nacer el río
y al amor en su deshora.
No vi en esos valles,
ni a la noche,
ni a la aurora,
ni a los pájaros trinando,
ni a los hombres,
ni su sombra;
solo vi una primavera
tan distinta a la de ahora,
que no puedo describir
si no es con una ola,
la presencia de sentir
que mi alma estaba sola.
Tendré del tiempo sobra
para hacer a la mujer,
esa misma con su cinta
donde el águila fue ayer.
Me desdigo y no hice nada
del extraño acontecer;
la mujer también estaba
esperando a su porqué.
Nos unimos frente a frente
y otras veces sin frontal;
todo el mundo fue presente
en el acto de engendrar.
La hinchazón se hizo patente
y el misterio estuvo en paz,
cuando el ave fue valiente
y en picado por rapaz,
consiguió la gran hazaña
de subir para cazar.
Comprendí la natural
compañía milagrosa,
y al nacer la doble rosa
me sentí todo animal.
Vi a los dioses de perfiles
condenándome a vagar,
a ofrecer el sacrificio
de aquel vientre por sembrar.
¡Yo vi pasar al águila
como un dios en su volar!