***QueeN Ginevra***
Poeta adicto al portal
La ciudad de las notas.
(poesía a un piano)
Erase una vez el amor teñido de purpura,
y la avaricia de dorado rocío de injuria;
en ese mundo donde el corazón era una criatura
y sólo existía pureza y no lujuria.
Erase una vez un lugar donde inventé
un mundo de guirnaldas para nosotros;
el sitio donde perseverante intenté
que las cosas fueran para todos.
Ahí, donde te encontré y te conocí,
entre notas negras, blancas y redondas;
donde nos unió la música que te di,
entre cuartos y octavos; valses y baladas.
Nardo en mi laberinto desértico de aflicción,
los labios de ébano que embellecen el sol;
el rostro de la música, la voz de la canción;
inspiración divina, letra de poeta de negro color.
Erase una vez el cuento aquel que te conté,
donde el malo siempre parecía vencer;
y después me resigné en la canción que te canté
a decirte que juntos hemos de crecer.
Creer en ti es creer en que es posible,
en que en el sur hay un norte también;
saber que la vida es dura pero noble
y que cada día de amargura se cura por la noche.
Sueño de mis notas entretejidas de tu agonía,
el tesoro de la isla más grande y peligrosa;
la triste melodía y la más bella armonía,
eres de esta tierra la creación más hermosa.
Mi luz en el oscuro espacio de la soledad;
la nota aguda de alegría y grave del llanto,
mi idioma, mi forma de ver, mi personalidad;
el silencio y el sonido de mi mundo intacto.
Mi vida, todo, el mundo de las notas
de mi alma y mi espíritu admiración.
Rey de ese mundo de amor y muchas cosas,
compañero de dolor, la esperanza y la ilusión.
(poesía a un piano)
Erase una vez el amor teñido de purpura,
y la avaricia de dorado rocío de injuria;
en ese mundo donde el corazón era una criatura
y sólo existía pureza y no lujuria.
Erase una vez un lugar donde inventé
un mundo de guirnaldas para nosotros;
el sitio donde perseverante intenté
que las cosas fueran para todos.
Ahí, donde te encontré y te conocí,
entre notas negras, blancas y redondas;
donde nos unió la música que te di,
entre cuartos y octavos; valses y baladas.
Nardo en mi laberinto desértico de aflicción,
los labios de ébano que embellecen el sol;
el rostro de la música, la voz de la canción;
inspiración divina, letra de poeta de negro color.
Erase una vez el cuento aquel que te conté,
donde el malo siempre parecía vencer;
y después me resigné en la canción que te canté
a decirte que juntos hemos de crecer.
Creer en ti es creer en que es posible,
en que en el sur hay un norte también;
saber que la vida es dura pero noble
y que cada día de amargura se cura por la noche.
Sueño de mis notas entretejidas de tu agonía,
el tesoro de la isla más grande y peligrosa;
la triste melodía y la más bella armonía,
eres de esta tierra la creación más hermosa.
Mi luz en el oscuro espacio de la soledad;
la nota aguda de alegría y grave del llanto,
mi idioma, mi forma de ver, mi personalidad;
el silencio y el sonido de mi mundo intacto.
Mi vida, todo, el mundo de las notas
de mi alma y mi espíritu admiración.
Rey de ese mundo de amor y muchas cosas,
compañero de dolor, la esperanza y la ilusión.