La clave del propio rumbo
no descansa en el dominio,
sino en saber aceptar
aquello que no es camino.
Pues quien combate la lluvia
termina roto y vencido,
mas quien aprende a mirarla
halla refugio en sí mismo.
No depende de mis manos
detener ciertos destinos,
pero sí cómo los miro
y como sigo el camino.
no descansa en el dominio,
sino en saber aceptar
aquello que no es camino.
Pues quien combate la lluvia
termina roto y vencido,
mas quien aprende a mirarla
halla refugio en sí mismo.
No depende de mis manos
detener ciertos destinos,
pero sí cómo los miro
y como sigo el camino.