pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Desrostrarme
inventar para ti ese verbo
por el que cae la piel a tierra...
o al plenilunio ascendiendo si entre mis azares
has podido con la mirada
con la queda palabra y calma
verter lejos ya de mí
todo aquello que el cuerpo infausto por el deseo
acota y apresa, endiosa como infortunio;
mi máscara que eterna llevaría puesta
cubriendo ya el tórax de la ventisca
y ocultando allá el corazón roto que llevo
por el hechizo de la soledad del mar;
separando las uñas de sus dedos al viento,
a los alisios que azotan el Atlántico
para incrustarse entre ellos y tenderse al sol
pendiente del ábside del cielo,
y navegar las tempestades
sobre los obtusos mares
que arrostran la distancia entre tú y yo
para llegar mi piel, piel con piel a ti;
con la cometa de mi rostro desvestido de la cara
ser esa camisa que abriga todos tus fríos
y viste tus brazos, axilas, pecho y espalda
como una reposada caricia que allí se mantiene guarnecida
para que nada los corte con su acerado filo
como la letra roja de tus poemas y sentencias,
anillas torvas de óxido del pasado
que por espina dorsal abren y cerrarían al fin
las páginas humedecidas de tus diarios.
Para Bt. Rv.
Desrostrarme
inventar para ti ese verbo
por el que cae la piel a tierra...
o al plenilunio ascendiendo si entre mis azares
has podido con la mirada
con la queda palabra y calma
verter lejos ya de mí
todo aquello que el cuerpo infausto por el deseo
acota y apresa, endiosa como infortunio;
mi máscara que eterna llevaría puesta
cubriendo ya el tórax de la ventisca
y ocultando allá el corazón roto que llevo
por el hechizo de la soledad del mar;
separando las uñas de sus dedos al viento,
a los alisios que azotan el Atlántico
para incrustarse entre ellos y tenderse al sol
pendiente del ábside del cielo,
y navegar las tempestades
sobre los obtusos mares
que arrostran la distancia entre tú y yo
para llegar mi piel, piel con piel a ti;
con la cometa de mi rostro desvestido de la cara
ser esa camisa que abriga todos tus fríos
y viste tus brazos, axilas, pecho y espalda
como una reposada caricia que allí se mantiene guarnecida
para que nada los corte con su acerado filo
como la letra roja de tus poemas y sentencias,
anillas torvas de óxido del pasado
que por espina dorsal abren y cerrarían al fin
las páginas humedecidas de tus diarios.
Para Bt. Rv.
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