La complejidad de lo aparentemente simple

Simbolo

Poeta adicto al portal
El otro día por la noche sentí que el tiempo se paraba, me sentí inmortal, quede atrapado por la sencillez de una hoja, por la complejidad de un mundo, allí sentado mirándola a saber cuanto tiempo, a saber cuantos minutos o cuantas horas. La noche latía en el cielo y el movimiento en mi era constante y nada lo paraba, nada lo distraía. El movimiento producido por los arboles tan negros en la noche que me ayudo a comprender cuando era joven, las estrellas con su gracia que cuando mas las miras mas aparecen, pero cuando observas una todas las demás desaparecen, las olas del mar al romper contra las rocas, los remolinos que se crean y la espuma que de su seno brota, ese sonido de inconsciencia e inocencia de cuando yo todavía no era de cuando yo todavía no entendía. Pero nada de eso llamo mi atención, demasiado complejo. Sola una hoja fue capaz de captar mi visión, que preciosa, proyectando esa sombra inamovible producida por la luz de una farola procedente del camino. Ese pavimento desigual e irregular que había elegido, mis ojos cansados que perdían la visión de todo aquello que había a su alrededor. Ahora su sombra formaba parte de ella y ganaba la forma de un dardo esperando a ser lanzado, de pronto todo su alrededor desaparecía quedando suspendida en lo mas profundo del espacio, o las lineas blancas se marcaban y ella quedaba levitando por encima un agujero formado en el suelo, otras veces la pieza sobre la que se encontraba se levantaba como queriendo llegar al cielo o las lineas que diferenciaban el color del pavimento simplemente se ensanchaban de como si hubieran pintado lineas negras con una brocha gorda. Entonces me di cuenta de como un mismo observador puede ver de infinitas maneras una misma cosa, y continué allí abobado observándola esperando más visiones, y mi espera fue correspondida, en mi cerebro se mezclo la imagen y el izquierdo se vio también en el derecho, la hoja continuaba inmóvil pero el suelo de su alrededor, se había transformado en el césped que se hallaba a su izquierda, de repente el suelo volvió a la normalidad pero la sombra del céspede creció como si midiera cuatro palmos de alto, y de pronto una linea clara se marco sobre él como si aquella franja robara la luz que proyectaba aquellas sombras. No tardaría ya mucho en darme cuenta de que mi ojo izquierdo resaltaba las cosas más claras y que el derecho definía más los límites y cosas oscuras. Si me hubiera pasado allí días todavía estaría viendo y aprendiendo cosas nuevas
 
Interesante escrito que nos muestra que todo tiene su grado de complejidad por simple que parezca. Estrellitas y un saludo de bienvenida.

El otro día por la noche sentí que el tiempo se paraba, me sentí inmortal, quedé atrapado por la sencillez de una hoja, por la complejidad de un mundo, allí sentado mirándola a saber cuanto tiempo, a saber cuantos minutos o cuantas horas. La noche latía en el cielo y el movimiento en mí era constante y nada lo paraba, nada lo distraía. El movimiento producido por los arboles tan negros en la noche que me ayudó a comprender cuando era joven, las estrellas con su gracia que cuando más las miras más aparecen, pero cuando observas una todas las demás desaparecen, las olas del mar al romper contra las rocas, los remolinos que se crean y la espuma que de su seno brota, ese sonido de inconsciencia e inocencia de cuando yo todavía no era de cuando yo todavía no entendía. Pero nada de eso llamó mi atención, demasiado complejo. Sola una hoja fue capaz de captar mi visión, que preciosa, proyectando esa sombra inamovible producida por la luz de una farola procedente del camino. Ese pavimento desigual e irregular que había elegido, mis ojos cansados que perdían la visión de todo aquello que había a su alrededor. Ahora su sombra formaba parte de ella y ganaba la forma de un dardo esperando a ser lanzado, de pronto todo su alrededor desaparecía quedando suspendida en lo mas profundo del espacio, o las líneas blancas se marcaban y ella quedaba levitando por encima un agujero formado en el suelo, otras veces la pieza sobre la que se encontraba se levantaba como queriendo llegar al cielo o las líneas que diferenciaban el color del pavimento simplemente se ensanchaban de como si hubieran pintado líneas negras con una brocha gorda. Entonces me di cuenta de como un mismo observador puede ver de infinitas maneras una misma cosa, y continué allí abobado observándola esperando más visiones, y mi espera fue correspondida, en mi cerebro se mezclo la imagen y el izquierdo se vio también en el derecho, la hoja continuaba inmóvil pero el suelo de su alrededor, se había transformado en el césped que se hallaba a su izquierda, de repente el suelo volvió a la normalidad pero la sombra del céspede (esa e sobra )creció como si midiera cuatro palmos de alto, y de pronto una línea clara se marcó sobre él como si aquella franja robara la luz que proyectaba aquellas sombras. No tardaría ya mucho en darme cuenta de que mi ojo izquierdo resaltaba las cosas más claras y que el derecho definía más los límites y cosas oscuras. Si me hubiera pasado allí días todavía estaría viendo y aprendiendo cosas nuevas


 

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