BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Transito despacio,
acechando con contumacia,
las bodegas oblongas
que nacieron en mi patria,
mi infancia. Nazco del revés,
cesárea por iniciativa divina,
y suscitó la malévola complexión
de un recuerdo ignorante de su precisión.
Maldigo el instante, preciso la conexión
eléctrica, alambradas entre escombros,
a cuyos enormes estratos pertenezco.
Sí, por qué, ¿dónde iremos cuando
la luna esconda el tumulto de su improcedencia?
Haremos un hatillo con las cosas y los objetos
menos útiles, y miraremos de frente las rosas,
los campos, las vigilantes estrellas sobre los barcos.
Sí, madre, miraremos el campo con su belleza blanca,
partir y parir, bellas alegrías matinales, sucintas flores
de capacidad opaca, residencias de un estatuto
que produce su inmenso corazón acampanado.
Nadie mirará a lo lejos, tampoco de cerca;
miraremos nosotros, los que abandonamos los fusiles
sobre la cerca definitiva, sobre la podredumbre infame
de ese circuito de sombras que formaron nuestras ruinas.
Los reinos helados de las avispas, poco tienen, en fin,
que decirme, a estas alturas.
©
acechando con contumacia,
las bodegas oblongas
que nacieron en mi patria,
mi infancia. Nazco del revés,
cesárea por iniciativa divina,
y suscitó la malévola complexión
de un recuerdo ignorante de su precisión.
Maldigo el instante, preciso la conexión
eléctrica, alambradas entre escombros,
a cuyos enormes estratos pertenezco.
Sí, por qué, ¿dónde iremos cuando
la luna esconda el tumulto de su improcedencia?
Haremos un hatillo con las cosas y los objetos
menos útiles, y miraremos de frente las rosas,
los campos, las vigilantes estrellas sobre los barcos.
Sí, madre, miraremos el campo con su belleza blanca,
partir y parir, bellas alegrías matinales, sucintas flores
de capacidad opaca, residencias de un estatuto
que produce su inmenso corazón acampanado.
Nadie mirará a lo lejos, tampoco de cerca;
miraremos nosotros, los que abandonamos los fusiles
sobre la cerca definitiva, sobre la podredumbre infame
de ese circuito de sombras que formaron nuestras ruinas.
Los reinos helados de las avispas, poco tienen, en fin,
que decirme, a estas alturas.
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