Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Contarles quiero un relato,
sucedió el año pasado
a un amigo despistado
que no mostraba recato.
Traía perdido el olfato,
andaba de lisonjero
de recordar casi muero
como besaba su dama;
cuando la llevó a la cama,
le resultó caballero.
Presumia de buen arquero
un cazador consumado
nunca en el mundo igualado,
jamás sufrió derrotero.
Con ese semblante fiero
con que se observa la presa,
acechaba a su tigresa
con un andar sigiloso
espectante, cauteloso,
nunca esperó tal sorpresa.
Sentía segura la presa
pues la tenía acorralada
no le perdía la mirada
la imaginaba en su mesa.
A esa pequeña traviesa
disfrutaría con esmero
tal platillo placentero
pero nunca imaginaba
del destino cruel jugada,
le resultó caballero.
El cazador fue la presa
en tal hazaña inaudita
de esa fecha hasta ahorita
me imagino no regresa.
Lo impactó fatal sorpresa:
de salvar la vida tratas,
alcanzó a salir a gatas
para correr salió bueno,
cual perro de barrio ajeno:
con la cola entre las patas.
sucedió el año pasado
a un amigo despistado
que no mostraba recato.
Traía perdido el olfato,
andaba de lisonjero
de recordar casi muero
como besaba su dama;
cuando la llevó a la cama,
le resultó caballero.
Presumia de buen arquero
un cazador consumado
nunca en el mundo igualado,
jamás sufrió derrotero.
Con ese semblante fiero
con que se observa la presa,
acechaba a su tigresa
con un andar sigiloso
espectante, cauteloso,
nunca esperó tal sorpresa.
Sentía segura la presa
pues la tenía acorralada
no le perdía la mirada
la imaginaba en su mesa.
A esa pequeña traviesa
disfrutaría con esmero
tal platillo placentero
pero nunca imaginaba
del destino cruel jugada,
le resultó caballero.
El cazador fue la presa
en tal hazaña inaudita
de esa fecha hasta ahorita
me imagino no regresa.
Lo impactó fatal sorpresa:
de salvar la vida tratas,
alcanzó a salir a gatas
para correr salió bueno,
cual perro de barrio ajeno:
con la cola entre las patas.
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