musador
esperando...
Cortesano de indómita princesa
presumía en mis clases de su trato,
paloma de su cálida promesa.
Entonces que mi humilde garabato
sembraba en tu retina no sabía,
te sembraba mis chispas, insensato.
Qué siembra el sembrador en su poesía
no lo sabe ni sueña en su delirio,
la llama lo sorprende: su aporía.
Aunque encendida tímida cual cirio
en tu retina joven y propicia
la pira urgente derivó en martirio.
Ventisca del deseo que desquicia
las cuadernas del duro ballenero
encendiendo el afán con su malicia.
Fantasma que convoca al arponero,
láctea bestia que mancha el horizonte,
princesa cuya carne pide acero.
Venus rema en la barca de Caronte
sembrando las huríes en el Hades
que urgen al alumno a que se apronte.
Luego en la dura mar fuimos cofrades
en el culto del número en la arena
y tantas otras griegas heredades.
Un libro en alemán está en mi pena,
el Courant Hilbert es inalcanzable,
el sueño de mi padre una ballena.
Muchas veces lamento ser culpable
dejando en manos de la lluvia el riego,
mas la obra del tiempo es inefable.
Hoy cosecho tu lágrima y me anego,
hay gusto a muerte en nuestra despedida:
dibuje un muy antiguo bardo ciego
su hermosa isla verde en tu partida.
Esta epístola está dedicada a mi hermano Javier Gil Vidal. Conocí a Javier en 1981, fue alumno mío en el curso de ingreso a la Facultad. Luego venía con frecuencia a mi oficina, tomábamos mate y compartíamos la pasión por las matemáticas. Se bifurcaron nuestros caminos luego, el dejó la carrera y se fue a España, donde se casó e hizo su vida durante varios años. Volvió hace ya años a la Argentina, nos reencontramos y reanudamos nuestra amistad. Javier reemprendió con coraje sus estudios y terminó la carrera de matemáticas: me invitó a ser jurado de su tesis final sobre la hipótesis del continuo (uno de los problemas más clásicos y arduos de la lógica matemática).
Las referencias a las ballenas tienen asidero en la novela Moby Dick, de Hermann Melville: alguien ha comparado la obsesión de Ahab por la ballena blanca con la obsesión de los matemáticos por algunas ideas. La princesa indómita es, por supuesto, la matemática, que a tantos seduce con su encanto entregándose a tan pocos...
Considerando que en mi país no había lugar suficiente para el presidente Macri y para él, Javier se ha vuelto a España, y es nuestra despedida lo que comento en esta epístola. Tuvo mucho de cosecha: se siembra en la docencia, se siembra en la amistad, y esa lágrima que compartimos era un mar de significados.
presumía en mis clases de su trato,
paloma de su cálida promesa.
Entonces que mi humilde garabato
sembraba en tu retina no sabía,
te sembraba mis chispas, insensato.
Qué siembra el sembrador en su poesía
no lo sabe ni sueña en su delirio,
la llama lo sorprende: su aporía.
Aunque encendida tímida cual cirio
en tu retina joven y propicia
la pira urgente derivó en martirio.
Ventisca del deseo que desquicia
las cuadernas del duro ballenero
encendiendo el afán con su malicia.
Fantasma que convoca al arponero,
láctea bestia que mancha el horizonte,
princesa cuya carne pide acero.
Venus rema en la barca de Caronte
sembrando las huríes en el Hades
que urgen al alumno a que se apronte.
Luego en la dura mar fuimos cofrades
en el culto del número en la arena
y tantas otras griegas heredades.
Un libro en alemán está en mi pena,
el Courant Hilbert es inalcanzable,
el sueño de mi padre una ballena.
Muchas veces lamento ser culpable
dejando en manos de la lluvia el riego,
mas la obra del tiempo es inefable.
Hoy cosecho tu lágrima y me anego,
hay gusto a muerte en nuestra despedida:
dibuje un muy antiguo bardo ciego
su hermosa isla verde en tu partida.
Esta epístola está dedicada a mi hermano Javier Gil Vidal. Conocí a Javier en 1981, fue alumno mío en el curso de ingreso a la Facultad. Luego venía con frecuencia a mi oficina, tomábamos mate y compartíamos la pasión por las matemáticas. Se bifurcaron nuestros caminos luego, el dejó la carrera y se fue a España, donde se casó e hizo su vida durante varios años. Volvió hace ya años a la Argentina, nos reencontramos y reanudamos nuestra amistad. Javier reemprendió con coraje sus estudios y terminó la carrera de matemáticas: me invitó a ser jurado de su tesis final sobre la hipótesis del continuo (uno de los problemas más clásicos y arduos de la lógica matemática).
Las referencias a las ballenas tienen asidero en la novela Moby Dick, de Hermann Melville: alguien ha comparado la obsesión de Ahab por la ballena blanca con la obsesión de los matemáticos por algunas ideas. La princesa indómita es, por supuesto, la matemática, que a tantos seduce con su encanto entregándose a tan pocos...
Considerando que en mi país no había lugar suficiente para el presidente Macri y para él, Javier se ha vuelto a España, y es nuestra despedida lo que comento en esta epístola. Tuvo mucho de cosecha: se siembra en la docencia, se siembra en la amistad, y esa lágrima que compartimos era un mar de significados.
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