Aquí en este voladizo congregados
ante el misterio afín que perseguimos,
dejando las vergüenzas aparcadas
en las serenas manos del momento,
en que las mismas fuerzas que flaquean
se alzan en rebelde movimiento,
sacudiendo como perro que empulgado
trata de liberarse del insecto
que liba en su torrente.
Nosotros, que manamos a la vida
porque la vida misma nos reclama,
abriendo nuestros ojos cada día
cuando el sol va tocando la alborada
que a las fauces de la noche ya no teme,
y emergen de las sombras asomados
los surcos que denotan la besana.
que lleva la simiente transplantada,
de hinojos, de hojarascas y cañadas.
Y los ríos, caudales germinados
de sorpresas, de humedales recuerdos,
en tardíos acueductos dibujados
en praderas desiertas.
La costumbre, el vicio de tener
algo para contar, nos hace
a veces importantes,
otras equivocadamente insulsos,
orates, adoquines, precios
de boca ajena, de importe
tan liviano como la levedad
que nos soporta dentro de las meninges,
la escuela esa donde el beber no cesa
y en hambrientos bostezos
se nos pasa la clase sin haber aprendido
y mañana
a volver a empezar.