Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
Mi turbio reflejo ya no acompaña
la esperanza
es un cúmulo de anheladas discordias
que se distorsionan en los oídos
como los arañazos en un encerado donde la dentera hace
que los ganglios se electrifiquen con el sonido de las uñas.
Tampoco riega ya las plantas, que saltan una tras otra en el medidor de niveles de un rascacielos.
Espacio robado al cielo
espacio misterioso tendido en el limbo del reflejo.
Castigo de un envenenamiento
Cuadrangular ,cárcel de dolor
rasurado con un filo de cuchilla
el espejo no miente hace que el agua limpia de las caras se congele en un mar fotografiado donde es implacable la vejez asomando su otro reflejo maquillado en la ingobernabilidad del tiempo
que nos visita con círculos de segundos, nunca repetidos, nunca los mismos y que como tristes sombras que arrancan desde cero en su medidor hasta el doce asoman huérfanos distópicos fuera de sus minutos
rebelándose futilmente a la caída de la juventud en barreños de jabón utilizados para limpiar los cristales de los edificios enmudecidos reflejando el brío de palomas perseguidas por halcones de ciudad.
El andamio, barcaza movible desciende con levedad,
el cristalero limpia su imagen del cristal hasta que su pureza
deje adivinar un misterioso gen de insumisión, al cuál da libertad en aquella altura de peregrinaje de las aves del sur
que en la inmaterialidad del cambio de rostro, el edificio siempre brillando como un haz de sueños empalmado por el sol
de la juventud.
Rasga la nube como la cuchilla
de Buñuel.
Reservados todos los derechos©
la esperanza
es un cúmulo de anheladas discordias
que se distorsionan en los oídos
como los arañazos en un encerado donde la dentera hace
que los ganglios se electrifiquen con el sonido de las uñas.
Tampoco riega ya las plantas, que saltan una tras otra en el medidor de niveles de un rascacielos.
Espacio robado al cielo
espacio misterioso tendido en el limbo del reflejo.
Castigo de un envenenamiento
Cuadrangular ,cárcel de dolor
rasurado con un filo de cuchilla
el espejo no miente hace que el agua limpia de las caras se congele en un mar fotografiado donde es implacable la vejez asomando su otro reflejo maquillado en la ingobernabilidad del tiempo
que nos visita con círculos de segundos, nunca repetidos, nunca los mismos y que como tristes sombras que arrancan desde cero en su medidor hasta el doce asoman huérfanos distópicos fuera de sus minutos
rebelándose futilmente a la caída de la juventud en barreños de jabón utilizados para limpiar los cristales de los edificios enmudecidos reflejando el brío de palomas perseguidas por halcones de ciudad.
El andamio, barcaza movible desciende con levedad,
el cristalero limpia su imagen del cristal hasta que su pureza
deje adivinar un misterioso gen de insumisión, al cuál da libertad en aquella altura de peregrinaje de las aves del sur
que en la inmaterialidad del cambio de rostro, el edificio siempre brillando como un haz de sueños empalmado por el sol
de la juventud.
Rasga la nube como la cuchilla
de Buñuel.
Reservados todos los derechos©
Última edición: