La exótica belleza de la danza,
rebosa libertad mientras deliran,
es un solo latir que los alcanza
y aumenta su esplendor cuando se miran.
La danza fue el comienzo de su vuelo
llevaron el compás de maravilla
y en la ceniza gris del desconsuelo
el sueño se les trueca en pesadilla.
Son como aves de un triste palomar,
como pobres palomas asustadas
que encuentran una forma de escapar
en la complicidad de sus miradas.
Y vuelven a danzar por que los sueños,
como vienen se van, no tienen dueños.
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