Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Había la poesía en la carne y el alma
de una niña blanca que la laguna concibió
en la caricia de un viento escapado, lento, sordo.
Pero había tanta alma de poema
que podía presentir el corazón
de sus latidos más profundos
para hablar sin habla
y oír sin tener que oír.
De esta manera fue criada la que no podía vivir con sonidos;
con la mitad de la vida en el sentir
y la otra,
en un silencio sin fin.
Ella era calma de un volcán
pronto en erupción.
Su alma no se resistía a la falacia del tiempo callado,
y de alguna manera,
se las arregló para que salieran sus pensamientos encerrados
con la herencia del poema llena de su alma.
Ella escribe en su mañana,
pincelando el amor en la ternura,
lo inverso a la palabra que llega en la bruma
con la claridad profunda en los corazones de quienes
han visto su mirada
y su simple sonrisa.
de una niña blanca que la laguna concibió
en la caricia de un viento escapado, lento, sordo.
Pero había tanta alma de poema
que podía presentir el corazón
de sus latidos más profundos
para hablar sin habla
y oír sin tener que oír.
De esta manera fue criada la que no podía vivir con sonidos;
con la mitad de la vida en el sentir
y la otra,
en un silencio sin fin.
Ella era calma de un volcán
pronto en erupción.
Su alma no se resistía a la falacia del tiempo callado,
y de alguna manera,
se las arregló para que salieran sus pensamientos encerrados
con la herencia del poema llena de su alma.
Ella escribe en su mañana,
pincelando el amor en la ternura,
lo inverso a la palabra que llega en la bruma
con la claridad profunda en los corazones de quienes
han visto su mirada
y su simple sonrisa.