El espectro seco de un regicida sufre los tormentos insoportables que una cohorte de demonios furiosos infringen sobre aquel,en el tártaro atestado de más sombras paranoicas que cargan a cuestas por la pendiente negra de la perdición los más variados pecados capitales.Pero el del primero es más profuso y grave.Por eso Satanás va a su encuentro y,susurrándole palabras de un nauseabundo olor a rosas muertas le hace desintegrarse en una miríada de corpúsculos que van a dar al vórtice central del antro firme del infierno recalcitrante.Se escucha en tal absorción terrible una cantidad innúmera de ecos calamitosos que se pierden en la noche sin fin,mientras Lucifer y sus seguidores:los dos tercios de los ángeles que se rebelaron contra la majestad dormida del Altísimo,observan atentamente como la conflagración del alma del regicida implosiona en tal aberrante agujero de carcomido sumidero pestífero.Cuando ya ha muerto la esencia eternal,un ángel radiante del Señor baja al seol,y les pide cuentas de su terrible acción,a lo que los malévolos entes le contestan con gravedad y compungida pasión,que aquel réprobo en substancia les pertenecía,y que le hiciese saber a Dios misericordioso de la obscura realidad del asunto,a lo que el ángel enfebrecido por una acción pecaminosa de odio lo transfigura en una esencia impura:trampa que Satanás prorrumpió solemne para escarmiento de los más fieles querubines que moran en los siderales cielos.