Évano
Libre, sin dioses.
Recorren las bibliotecas
unos cuantos,
millones
de títeres de madera.
Son delgados
y poco altos.
Diminutos,
si no ves.
Ágiles y veloces
saltan y brincan
por butacas y sillas y mesas.
Pasan hojas, dan patadas,
estiran de los pelos
y leen al revés
lo que tu mente cree
que es el derecho,
o recta introducida
por tanta secta
que pulula este mundo
de materia.
Ven los títeres,
y nos señalan,
sus hilos,
sus cuerdas,
lo que no dicen
las letras.
Quizá mejor detenerse
y observar los vacíos
que dejan las letras
entre los títeres
del papel de la madera.
unos cuantos,
millones
de títeres de madera.
Son delgados
y poco altos.
Diminutos,
si no ves.
Ágiles y veloces
saltan y brincan
por butacas y sillas y mesas.
Pasan hojas, dan patadas,
estiran de los pelos
y leen al revés
lo que tu mente cree
que es el derecho,
o recta introducida
por tanta secta
que pulula este mundo
de materia.
Ven los títeres,
y nos señalan,
sus hilos,
sus cuerdas,
lo que no dicen
las letras.
Quizá mejor detenerse
y observar los vacíos
que dejan las letras
entre los títeres
del papel de la madera.
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