Pálido como la inmaculada aurora es el semblante sereno de aquella doncella incandescente;vertiendo de su aromatizada boca miel de oro,que al caer a tierra,se transfigura en esbelto árbol nudoso de la celestial vida inmortal.Sus delicados pies,cincelados por la mano temblorosa del Altísimo,dan pasos solemnes de un infinito ritmo que se evapora en burbujeados versos de amor a la sacra naturaleza;la cual,en silencio sepulcral,inclina su terso oído de sonoro zumbido para apresar aunque sea las mariposas revoloteadas que son pensamientos virginales envueltos en almizcle.¡Oh!dulce niña de ensueños de plata,mas te vale dormir el sueño risueño de un día dichoso para despertar luego ante las puertas severas de la noche.