Juan Ignacio Avalos
Poeta recién llegado
LA DUEÑA DEL FIN
Amo a la muerte, divino recordatorio de la vida, en el principio de mis días me recordaste que soy tu antinomia.
Marcaste tu presencia llevándote a la coautora de mi existencia, adorado fin, sublime e impiadoso juez de lo limitado, aunque todo en ti sea bruma y oscuridad tu presencia siempre nos habla de la vida, en el dolor del camino siempre fuiste reflexión en todos los actos de mi vida.
Te amo aunque tu nombre sea siempre maldecido por el odio de aquellos que no entienden.
Como no decir que te amo, si todo lo perdurable que halle en la vida telo debo a ti, y aunque mi amor sea inmenso, vivo rogándole a la vida, que posponga lo máximo posible nuestro encuentro.
Amo a la muerte, divino recordatorio de la vida.
Amo a la muerte, divino recordatorio de la vida, en el principio de mis días me recordaste que soy tu antinomia.
Marcaste tu presencia llevándote a la coautora de mi existencia, adorado fin, sublime e impiadoso juez de lo limitado, aunque todo en ti sea bruma y oscuridad tu presencia siempre nos habla de la vida, en el dolor del camino siempre fuiste reflexión en todos los actos de mi vida.
Te amo aunque tu nombre sea siempre maldecido por el odio de aquellos que no entienden.
Como no decir que te amo, si todo lo perdurable que halle en la vida telo debo a ti, y aunque mi amor sea inmenso, vivo rogándole a la vida, que posponga lo máximo posible nuestro encuentro.
Amo a la muerte, divino recordatorio de la vida.