Lírico.
Exp..
La edad
A mitad de camino,
ya sabes,
ya no eres un chaval
ni desesperas
porque la vida apesta a vertedero
donde las almas purgan
sus pecados,
ni tampoco eres aún
ningún tipo acercándose
a esa temida edad
irreparablemente hacia el abismo.
A mitad de camino,
entre la certidumbre
de que has perdido ya tu juventud
como quien ha quemado
la piel de su deseo al sol de agosto
y la certeza
de conocer un día el desenlace
del nudo con que el tiempo
te aprieta la garganta;
hundiéndote en la sombra
cuando la tarde
comienza vagamente a declinar
y se levanta un aire
muy frío.
A mitad de camino,
ya sabes,
ya no eres un chaval
ni desesperas
porque la vida apesta a vertedero
donde las almas purgan
sus pecados,
ni tampoco eres aún
ningún tipo acercándose
a esa temida edad
irreparablemente hacia el abismo.
A mitad de camino,
entre la certidumbre
de que has perdido ya tu juventud
como quien ha quemado
la piel de su deseo al sol de agosto
y la certeza
de conocer un día el desenlace
del nudo con que el tiempo
te aprieta la garganta;
hundiéndote en la sombra
cuando la tarde
comienza vagamente a declinar
y se levanta un aire
muy frío.
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