Pero más allá del cuerpo que se pierde,
la energía no muere, solo se transforma,
como un río que fluye y se disuelve en el mar,
la vida, fugaz, es solo un paso que se va sin cesar.
En el instante donde el alma se alza,
sin miedo al vacío, ni al tiempo que consume,
la esencia se desprende, como luz que abraza,
y se funde en el todo, que sin fin resume.
No hay fin, solo un cambio sutil y profundo,
como una semilla que florece y muere.
La muerte no es el fin de este mundo,
es la transformación de lo que no perece.
Así el cuerpo cae, como hojas al viento,
pero la energía que somos se alza,
se dispersa, se reconfigura,
en la vibración infinita que abarca.
No somos solo carne ni solo hueso,
somos pulsos, frecuencias, materia y conciencia.
Cada pensamiento, cada suspiro,
es un eco del universo, una constante presencia.
Y cuando los ojos se cierran al fin,
y el último latido deja de sonar,
sabemos que no es el fin,
sino un renacer, un volver a empezar.
Porque la energía no muere,
solo cambia de forma y lugar,
y en cada ciclo, somos la esencia
que se transforma y vuelve a brillar.
la energía no muere, solo se transforma,
como un río que fluye y se disuelve en el mar,
la vida, fugaz, es solo un paso que se va sin cesar.
En el instante donde el alma se alza,
sin miedo al vacío, ni al tiempo que consume,
la esencia se desprende, como luz que abraza,
y se funde en el todo, que sin fin resume.
No hay fin, solo un cambio sutil y profundo,
como una semilla que florece y muere.
La muerte no es el fin de este mundo,
es la transformación de lo que no perece.
Así el cuerpo cae, como hojas al viento,
pero la energía que somos se alza,
se dispersa, se reconfigura,
en la vibración infinita que abarca.
No somos solo carne ni solo hueso,
somos pulsos, frecuencias, materia y conciencia.
Cada pensamiento, cada suspiro,
es un eco del universo, una constante presencia.
Y cuando los ojos se cierran al fin,
y el último latido deja de sonar,
sabemos que no es el fin,
sino un renacer, un volver a empezar.
Porque la energía no muere,
solo cambia de forma y lugar,
y en cada ciclo, somos la esencia
que se transforma y vuelve a brillar.