Pedro Darquea
Poeta asiduo al portal
A la penumbra que baja
Dejando atrás los albores,
Al momento de caer, no le tiembla la navaja,
Para juzgar a los que cubre, de moverse siendo ciegos.
Esa ráfaga creciente de pies
Pareciera reproducirse como plaga,
Sus cavidades son vacías, no te fíes,
Porque se transformaron, pero respiran para adentro.
Y a la escondida esperanza
Se la ve solo desde lejos,
Porque le falta templanza
Para alimentar a los hambrientos.
La batalla casi perdida,
No se asume,
La nueva juventud nació rendida,
Y el sapo lo presume.
El oráculo que todo observa,
La mentira se traga entera,
Su decepción también se reserva,
Mientras se llena de porquería la era.
Dejando atrás los albores,
Al momento de caer, no le tiembla la navaja,
Para juzgar a los que cubre, de moverse siendo ciegos.
Esa ráfaga creciente de pies
Pareciera reproducirse como plaga,
Sus cavidades son vacías, no te fíes,
Porque se transformaron, pero respiran para adentro.
Y a la escondida esperanza
Se la ve solo desde lejos,
Porque le falta templanza
Para alimentar a los hambrientos.
La batalla casi perdida,
No se asume,
La nueva juventud nació rendida,
Y el sapo lo presume.
El oráculo que todo observa,
La mentira se traga entera,
Su decepción también se reserva,
Mientras se llena de porquería la era.