Arturo Riquelme
Poeta adicto al portal
De todos los misterios,
el tormento que se distingue
infame en su territorio
de espinas abiertas;
es; la espera,..,
aquella que eterniza las horas,
la que se hace inmensa en los rincones
diminutos del día,
la espera en vasos llenos,
en tardes en bancos de plaza solitario,
la que se acomoda en los asientos de calles lluviosas,
en los cajones del amanecer dispuestos con digna paciencia,
una espera de fuego en el hielo de la sangre,
en los faroles del tintero,
en la alfombra de territorio desértico,
en las alturas del techo que dibuja galaxias inventadas,
aun en la orilla del temblor de las manos añejas,
la espera del pan, del sonido, del proverbio chino
que habla de ella.
Aquí, en la página del silencio a que ella vuelva...
el tormento que se distingue
infame en su territorio
de espinas abiertas;
es; la espera,..,
aquella que eterniza las horas,
la que se hace inmensa en los rincones
diminutos del día,
la espera en vasos llenos,
en tardes en bancos de plaza solitario,
la que se acomoda en los asientos de calles lluviosas,
en los cajones del amanecer dispuestos con digna paciencia,
una espera de fuego en el hielo de la sangre,
en los faroles del tintero,
en la alfombra de territorio desértico,
en las alturas del techo que dibuja galaxias inventadas,
aun en la orilla del temblor de las manos añejas,
la espera del pan, del sonido, del proverbio chino
que habla de ella.
Aquí, en la página del silencio a que ella vuelva...
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