Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Una espina crece en la lengua del reloj cuando pronuncia tu nombre sin horas.
El silencio es un animal que mastica
las sílabas rotas de lo que no dijimos.
Te fuiste en presente continuo,
un verbo sin piel,
y ahora respiro el humo de las fotografías que se incendian en el álbum de los equívocos.
Hay un país en mi pecho donde nieva ceniza: tu risa es una bandera derretida, un mapa sin norte que dibuja las fronteras de un océano vacío.
Me despierto con uñas de sal
y escribo cartas al desierto
donde las palabras son arena
que se cuela por los ojos del espejo.
El amor es un museo de sombras:
guardo tus pasos en frascos de vidrio, tus besos son estatuas de aire que se deshacen al nombrarlas.
Sobrevivo en la grieta de un adiós,
donde el tiempo es una herida que sangra hacia atrás.
La espina sigue ahí:
raíz de un árbol que crece
con las hojas caídas
antes de nacer.
El silencio es un animal que mastica
las sílabas rotas de lo que no dijimos.
Te fuiste en presente continuo,
un verbo sin piel,
y ahora respiro el humo de las fotografías que se incendian en el álbum de los equívocos.
Hay un país en mi pecho donde nieva ceniza: tu risa es una bandera derretida, un mapa sin norte que dibuja las fronteras de un océano vacío.
Me despierto con uñas de sal
y escribo cartas al desierto
donde las palabras son arena
que se cuela por los ojos del espejo.
El amor es un museo de sombras:
guardo tus pasos en frascos de vidrio, tus besos son estatuas de aire que se deshacen al nombrarlas.
Sobrevivo en la grieta de un adiós,
donde el tiempo es una herida que sangra hacia atrás.
La espina sigue ahí:
raíz de un árbol que crece
con las hojas caídas
antes de nacer.