Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la esquina de los sueños perdidos,
donde el viento susurra y el tiempo se olvida,
se encuentran las huellas de antiguos caminos,
travesías olvidadas, promesas de vida.
Un niño curioso, de mirada serena,
se adentró en el rincón donde la luna se esconde,
y vio que en las sombras, brillaban las estrellas,
pero había un suspiro que el alma responde.
"¿Por qué brillan tan alto, pero tan lejanas?",
preguntó con inocencia, buscando razón.
La luna, sabia, habló entre las mañana:
"Son sueños que viajan más allá del corazón."
En la misma esquina, un anciano cansado
le ofreció al niño un viejo trozo de pan,
y dijo con voz de quien ha sido callado:
"Los sueños que alcanzas, no siempre están sanos."
"Hay sueños que son como aves al viento,
quieren volar alto, pero caen sin miedo;
y hay sueños que crecen, con lento fundamento,
y en su madurez, dan frutos de consuelo."
El niño, pensativo, miró al anciano,
y sintió en su pecho un fuego sutil.
"Entonces, ¿es mejor seguir soñando en vano,
o encontrar el camino, aunque sea sutil?"
El anciano sonrió, y con voz temblorosa,
le dio una lección de vida sin igual:
"Los sueños no son solo metas hermosas,
son el alma que crece, aunque no siempre sean igual."
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
donde el viento susurra y el tiempo se olvida,
se encuentran las huellas de antiguos caminos,
travesías olvidadas, promesas de vida.
Un niño curioso, de mirada serena,
se adentró en el rincón donde la luna se esconde,
y vio que en las sombras, brillaban las estrellas,
pero había un suspiro que el alma responde.
"¿Por qué brillan tan alto, pero tan lejanas?",
preguntó con inocencia, buscando razón.
La luna, sabia, habló entre las mañana:
"Son sueños que viajan más allá del corazón."
En la misma esquina, un anciano cansado
le ofreció al niño un viejo trozo de pan,
y dijo con voz de quien ha sido callado:
"Los sueños que alcanzas, no siempre están sanos."
"Hay sueños que son como aves al viento,
quieren volar alto, pero caen sin miedo;
y hay sueños que crecen, con lento fundamento,
y en su madurez, dan frutos de consuelo."
El niño, pensativo, miró al anciano,
y sintió en su pecho un fuego sutil.
"Entonces, ¿es mejor seguir soñando en vano,
o encontrar el camino, aunque sea sutil?"
El anciano sonrió, y con voz temblorosa,
le dio una lección de vida sin igual:
"Los sueños no son solo metas hermosas,
son el alma que crece, aunque no siempre sean igual."
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados