dark-maiden
Poeta fiel al portal
La estación vacía.
El candil en llamas.
El olvido de la memoria.
El naufragio de los desiertos.
Recogí una brizna del sol,
y la coloqué en mi tetera.
Ya he creado la medicina
contra el desvelo.
¿Si tú no me conocieras
me seguirías recordando?
Mis palabras son dulces,
pero no lo es tanto mi sentir.
Agonía existencial.
Gritadora de silencios profesional.
Rapsoda de murmullos.
¡Qué pena que Platón no me tuvo
en su banquete!
Seducida por el conocimiento
de los dioses paganos.
Cogí la citara y bailé ante
el templo de Atenea.
Pasado que se revuelve en mi interior
cuando presencio el espectáculo del
mar Mediterráneo partirse en olas.
Morir en sal y renacer en yodo.
¡Vesta solo necesito un milagro!
El fuego sagrado parece que
se apiada de mí.
Si cultivo la pietas, las llamas
llorarán por mí.
El motor de las bujías me recuerda
que ya hemos cambiado de era.
La vida sigue su curso.
El ADN continúa saltando hacia
el infinito del arcaicismo.
Demasiados solsticios he pasado
cantando canciones con ritmos
etéreos, sin letra ni destino,
solo espacio para los intersticios
de la existencia.
Ecos que resuenan a media legua
en el campo de lirios y rosales.
Gritos sin dueños que retumban
en las grutas del paraje cartografiado
a media luz.
El candil en llamas.
El olvido de la memoria.
El naufragio de los desiertos.
Recogí una brizna del sol,
y la coloqué en mi tetera.
Ya he creado la medicina
contra el desvelo.
¿Si tú no me conocieras
me seguirías recordando?
Mis palabras son dulces,
pero no lo es tanto mi sentir.
Agonía existencial.
Gritadora de silencios profesional.
Rapsoda de murmullos.
¡Qué pena que Platón no me tuvo
en su banquete!
Seducida por el conocimiento
de los dioses paganos.
Cogí la citara y bailé ante
el templo de Atenea.
Pasado que se revuelve en mi interior
cuando presencio el espectáculo del
mar Mediterráneo partirse en olas.
Morir en sal y renacer en yodo.
¡Vesta solo necesito un milagro!
El fuego sagrado parece que
se apiada de mí.
Si cultivo la pietas, las llamas
llorarán por mí.
El motor de las bujías me recuerda
que ya hemos cambiado de era.
La vida sigue su curso.
El ADN continúa saltando hacia
el infinito del arcaicismo.
Demasiados solsticios he pasado
cantando canciones con ritmos
etéreos, sin letra ni destino,
solo espacio para los intersticios
de la existencia.
Ecos que resuenan a media legua
en el campo de lirios y rosales.
Gritos sin dueños que retumban
en las grutas del paraje cartografiado
a media luz.